lunes, 25 de abril de 2016

De primaveras y aniversarios

El próximo 28 de abril, en el Pleno municipal de Rivas, pienso llevar un clavel rojo. Hoy, día 25 de este mismo mes, es el aniversario de la Revolución de los Claveles en Portugal, y considero que están las dos fechas suficientemente cercanas para que el hecho sirva como homenaje.

Un país, Portugal, y una revolución, la portuguesa, a los que España siempre ha dado la espalda, pero que ha dejado tras de sí, junto a muchos golpes bajos, el mantenimiento de una capa social amplia que ha venido apoyando propuestas de izquierda de forma continuada. No olvidemos que antes, mucho antes de que surgiera el 15M en España; antes de que en Francia tuviera eco el Partido de la Nueva Izquierda; y, claro está, antes de que surgieran Syriza o Podemos, en Portugal el actual Bloco d'Esquerda ya tenía diputados y alcaldes.

También en abril se ha conmemorado el aniversario de la proclamación de la Segunda República en España. Sin embargo, no he puesto ningún post en esa fecha. ¿La razón? No voy a decir una cosa por la otra: la principal razón es el maremagnum de eventos y reuniones en las que se ve uno metido, que relegan eficientemente las emociones a un segundo o tercer plano. Pero no sólo.

Puede que también haya un factor generacional que hace que la Segunda República me quede más lejos, y que la Revolución de los Claveles la sienta más mía. Motivos (de edad) hay para ello, sin duda. Por otro lado, aunque también en Portugal hubo una contrarrevolución manifiesta y otras muchas menos evidentes, lo cierto es que en el país vecino aquel 25 de abril dejó más poso del que ha dejado la Segunda República en España. Es más fácil encontrar a gente conociendo y cantando Grandôla Vila Morena en Portugal, que el Himno de Riego en España, por decirlo de algún modo.

Me entra la duda de si es patriótico sentirse más cercano a aquellos siete días de abril que acabaron con una dictadura que prometía ser más longeva que la de Franco, que a todo lo que la Segunda República representa. Pero no se preocupen, porque evito cuidadosamente contestarme a mí mismo, porque en el fondo nunca he sido muy patriótico, término que me resulta difícil desvincular del más peyorativo de patriotero.

Sea como fuere, aquí dejo una vez más una canción que inevitablemente, año tras año, hace que se me ericen los pelos de la nuca y se me salte una lágrima traidora.


jueves, 21 de enero de 2016

La memoria, sin más remedio



Leo en eldiario.es acerca de una singular página web, Escoitar.org, en la que gente con fundamento ha colgado alrededor de 1.200 grabaciones de distintos sonidos relacionados con Galiza. Son sonidos comunes, callejeros, de los que nuestro oído recoge pero nuestra mente filtra para que apenas los escuchemos: la lluvia repiqueteando, monótona, en una carretera de una aldea gallega, un domingo por la mañana; las campanas de un pueblo convocando a la fiesta del lugar; las olas batiendo contra el casco semihundido de un carguero en la Costa da Morte...

Si estas grabaciones, que forman lo que los constructores de la página llaman un mapa sonoro de Galiza, no fueran por sí mismas suficientemente singulares como conjunto, se añade el hecho de que cada sonido, una vez que alguien, cualquier persona, lo escucha, queda automáticamente borrado de la página. Nunca más podrá escucharlo nadie. Cuando entre usted en esa página, pues, ya no habrá 1.200 grabaciones disponibles. Vaya usted a saber cuántas quedan...

Escuché varias de ellas con una mezcla de sentimientos: curiosidad por ver qué me deparaba cada grabación, pero también culpabilidad por ser causante, por el mero hecho de escucharla, de su desaparición.

Cuando iba por la tercera grabación, de repente me acometió la urgencia de dejar de escuchar más cosas. La curiosidad me incitaba a ello, pero me di cuenta de que no se trataba, al menos para mí, de escuchar mucho, sino de retener algo.

Es lo que nos hace falta. Urgentemente, perentoriamente. Nos resulta imprescindible no meter más información en nuestra pobre cabeza. Nos hace falta más bien procesar la que ya tenemos, reconocer su valor y sacar conclusiones de ella. Da igual si es un monótono sonido grabado de lluvia o la última valoración sobre la posibilidad de que forme gobierno el PP o el PSOE. No necesitamos más información. Necesitamos buena información y tiempo para procesarla.

Así, el hecho de que estas grabaciones sonoras se autodestruyan nada más ser escuchadas remite al imprescindible ejercicio de memoria y de reflexión. El imprescindible ejercicio de pensar sobre lo que sabemos antes de colmar nuestras pobres neuronas con centenares de conocimientos adicionales. Créanme, no hay más remedio.


domingo, 20 de diciembre de 2015

De promesas incumplidas

Cualquier cambio político en España, sea cual sea el resultado de las elecciones que hoy mismo se están produciendo, será menor de lo que unos y otros esperan. Ésta es una máxima que puede considerarse de índole pesimista, ciertamente, pero en realidad se ajustaría más a la calificación de realista.

Nadie puede evitar prometer más de lo que va a poder cumplir. La diferencia está entre quienes prometen conscientes de que no harán lo que dicen porque no querrán hacerlo, y quienes lo prometen quizás conscientes de que no podrán hacer todo lo que dicen, pero sí que querrían. Dirán ustedes que no hay diferencia entre unos y otros, pues a la postre todos incumplirán sus promesas. No es así, verán por qué.

Quienes han hecho de la política una profesión provechosa de la que no quieren despegarse y en la que piensan navegar toda su vida, mienten al prometer porque, al modo en que el escorpión responde a la rana en la fábula, está en su naturaleza hacerlo. Alguien les ha chivado cuántos voto ganarán con esa promesa falsa, y ávidos de sufragios se lanzan, incontinentes, a ganarlos con cualquier arte. Armados de la suprema ley de la política entendida como la entienden ellos, que no es otra que la del fin justifica los medios, roban esos votos porque están convencidos de que representan la mejor opción para los votantes, mal que les pese a éstos. Y así, hurtarles el voto no es más que una forma algo paternalista de velar por su salud política, que al fin y al cabo es para lo que ellos (los políticos de este tipo) están en lo que están.

Los otros, los que quizás son conscientes de que no podrán cumplir, prometen con la enconada decisión de, no obstante, intentar por todos los medios cumplir la mayor parte que puedan. Será la eterna lucha entre la realidad y el deseo la que decante más tarde el resultado de tal batalla.

La diferencia, pues, está en las intenciones. A los primeros no habrá forma de sacarles nada de lo prometido si realmente no estaba en su cabeza cumplirlo. Tienen trazada su hoja de ruta y en ella no cabe la duda, porque la duda corroe (ya lo decimos frecuentemente: "me corroe una duda") y vuelve antipático ese camino convenientemente recto y limpio hacia su éxito personal.

A los segundos sí que les podremos sacar cosas. Tendrán mala conciencia ante cada cosa que han prometido y ven enormes dificultades para cumplirla. Pero es que tener mala conciencia implica tener alguna conciencia. Y esa es la cuestión, lo que marca las diferencias.

Ojalá gane alguno de los partidos que, cuando no puedan cumplir todo lo que han prometido, se carguen de mala conciencia. El paso siguiente será montar las correspondientes manifestaciones a la puerta de su sede, para recordarles que lo prometido es deuda. Malo será que no saquemos con ello una buena tajada (legítima, no me malinterpreten).

Que el cosmos reparta suerte.

lunes, 28 de septiembre de 2015

La ira vacía

Inquietante, pero interesante, sentimiento el de la ira. Para ser sincero y políticamente incorrecto, la ira es una emoción tan natural como el amor. No deberíamos renegar de ella tan fácilmente como lo hacemos, porque quien más y quien menos habrá experimentado el enorme poder curativo de la ira en según qué ocasiones.

Por introducir algo de humor en tan severa reflexión, quién no ha jurado en arameo ante la imposibilidad de armar uno de esos puzzles madereros que nos colocan bajo el eufemismo de "mueble" y que en realidad no pasa de ser una caja con tablones, tornillos y un plano. Es la ira que aflora. Por ponerme más serio, quién no ha deseado el mayor mal del mundo a ciertos elementos de uniforme al ver lo que hacen a unos pobres y pacíficos manifestantes. Es la ira, claro está.

Sin embargo, hay que reconocer que hay iras e iras. Está la ira que podríamos tildar de justa y que, al menos según los cristianos más tradicionales, nos acerca a Dios. A la ira de Dios, en concreto. La ira justa se produce ocasionalmente, en momentos en que observamos una conducta inaceptable, de las que ofenden nuestro sentido del pudor y de la vergüenza. Y está la ira continua, la iracundia, mejor.

La iracundia es un estado de ira permanente. Afecta a determinado tipo de personas que, por lo general, se sienten frustradas. Que la causa de su frustración sea aceptable o no es cosa de cada cual, porque nadie es nadie para juzgar el estado mental de los demás. El iracundo, o la iracunda, sueltan su adrenalina con una frecuencia que llama la atención del común de los mortales, y suele llegar un momento en que sale a la luz por motivos no siempre muy comprensibles.

En política (que es a donde quería yo llegar), la iracundia suele tener que ver con la incapacidad para resolver situaciones. Las que sean. Pongo un ejemplo: un partido quiere presentarse a las elecciones, realiza tarde las gestiones necesarias para legalizar su candidatura, llega fuera de plazo a las fechas reglamentadas y facilita que una Junta Electoral le deniegue la inscripción de su candidatura. Asciende la ira, sale a flor de piel. Parafraseando a Miguel Hernández, se convierte en la ira que no cesa.

A mí personalmente me parece normal que ocurra en una situación así, e incluso es necesario aceptar cierto nivel de ira durante cierta cantidad de tiempo. Lo que ya no es tan normal es que la ira se reconvierta en remedo de política. Que la política se pretenda sustituir con furibundas diatribas contra todo el mundo. Éste partido es repudiable porque ha llegado a un pacto con aquel otro. El de más allá lo es también porque no es suficientemente crítico con el primero y se hace demasiado amigo del segundo. Todos ellos son deleznables porque... en realidad, porque son OTROS partidos.

La iracundia suele pasarse o bien cuando se ve que los demás resultan indiferentes a ella, o bien cuando no se obtiene con ella el resultado deseado. Seguro que a la vuelta de cuatro años, con una nueva convocatoria electoral por medio y con una más correcta planificación de las gestiones a realizar, un partido como el del ejemplo logrará presentarse y, quizás, obtener representantes. Y entonces la iracundia se transformará como por arte de magia en una dialogante postura que hará ver la conveniencia de tal o cual pacto, de tal o cual acuerdo.

Será entonces cuando se pueda renunciar a la ira. Y será tanto más fácil hacerlo cuanto más inconsistentes sean los motivos que la han producido. Hay iras e iras, claro que sí. Las peores son las iras vacías.

jueves, 6 de agosto de 2015

Una mandíbula cuadrada y firme

Hay rasgos físicos que hablan del carácter de una persona mucho mejor que las bolas de cristal o las líneas de la mano. Hay ojos, manos, pómulos, frentes, mandíbulas y bigotes que nada más verlas le dicen a uno que esa persona es recta, seria, firme.

Piños tenía un conjunto de esos rasgos que llevaron a una agencia de modelos a fotografiarle. Transmitía credibilidad, honradez, fiabilidad. Y sus rasgos no mentían.

Quizás fue la primera persona en la LCR que dejó huella en mí. Ni se arrugó ante la cárcel ni lo hizo ante los palos y los disparos de la policía en decenas de ocasiones. Constante en su militancia, muy serio en sus planteamientos, vivió hasta los cuarenta años largos una vida dedicada casi exclusivamente a esa misma militancia política. Tan sólo a los cuarenta y muchos, con décadas de no haber pensado en sí mismo (como Moro y como tantos otros de los dirigentes de aquel partido), asumió la necesidad de cambiar su vida y buscar un modo razonable de ganársela.

Al tiempo, encontró en una vieja compañera a la compañera final de su vida. Tuvo dos hijas y un trabajo decente que le procuró una jubilación ligeramente anticipada también decente. Y sólo ocho o nueve años después de eso, esta misma mañana, un infarto le ha sacado de su Cantabria natal y se lo ha llevado. Supongo que a una urna. Quizás a una tumba en un cementerio.

Normalmente soy muy partidario de la incineración, En este caso, sin embargo, de manera egoísta, me gustaría que a Piños le enterrasen. Sólo para poder tener un lugar al que acudir para saludarle. Con toda la admiración que entre gente así no suele manifestarse en vida, porque suena a coña, pero que cuando se van te das cuenta que de coña, nada. Les admiras, y mucho.

Ojos, manos, pómulos, frentes, mandíbulas y bigotes como los de Piños no se queman ni se pudren así como así. Cincuenta años después siguen indelebles en la memoria de quienes los han visto y los han conocido. Que le sea leve a la tierra o al fuego, porque con gente como tú, Piños, más les vale a los elementos andarse con cuidado.

sábado, 18 de julio de 2015

Griego bueno, griego malo

Escribo sobre lo ocurrido en los últimos días en Grecia no para posicionarme al respecto de la "traición"  de Tsipras al pueblo griego, ni tampoco para hablar del pueblo griego, sino para hablar de cuantos, fuera de Grecia, aunque también en la propia Grecia, han elevado a los altares a un hombre y ahora están a punto de despeñar a un partido a la más profunda sima del desprecio.

Tsipras es, como cualquier otro líder que concita la atención y condensa la admiración de los demás, un símbolo para la gente. Tsipras es, en esa simbología, honesto, fuerte, claro en su mensaje, valedor de los débiles y azote de los poderosos. Y si Tsipras es así, Syriza también es así. Ese es el poder de los símbolos: son elementos redondos, sin aristas y sin huecos oscuros. Son cómodos de manejar por los demás porque ofrecen una superficie lisa donde todo está a la vista.

Pero los símbolos no existen fuera del imaginario individual o colectivo de la gente que los admira. No existe esa superficie lisa porque la realidad, precisamente, está llena de huecos y aristas. Si pudiéramos dibujarlos, el símbolo sería una esfera bruñida, mientras que la realidad sería un objeto amorfo, una especie de meteorito con la extraña particularidad de tener una dirección cambiante. "Confío en Tsipras" podría ser una frase que condense la actitud de millones de personas dentro y fuera de Grecia, quienes han elegido, una vez más, adorar al símbolo esférico en lugar de esforzarse por ver la meteorítica realidad cambiante y plagada de aristas.

Ahora Tsipras es un traidor. Quizás conserve en muchos que le han adorado un pequeño porcentaje de crédito debido a la enormidad y novedad de lo que Tsipras, como símbolo de Syriza, ha hecho en el último año. Pero lo cierto es que en el imaginario popular, Tsipras ha pasado más bien de héroe a villano. De griego bueno, a griego malo.

Sin embargo, estoy convencido de que en el Tsipras que admite el "golpe de estado" que en el seno de su gobierno ha dado el ala derecha, no hay un alien surgido de las entrañas del Tsipras bueno que conocíamos. No es otro ser que se escondía, malévolo, en el interior del ser bondadoso que pintamos en nuestra imaginación. Porque no es cuestión de Tsipras, no es cuestión de personas: es cuestión de politica.

En política, la confianza no debe depositarse en las personas, porque éstas son (somos) cambiantes. Nos afectan las circunstancias mucho más que lo hacen sobre las organizaciones. Es por ello que no tiene sentido depositar la confianza en personas, más allá de aspectos y periodos de tiempo puntuales. Tiene sentido depositar la confianza en las organizaciones. Y aun así, tampoco debe depositarse la confianza de forma absoluta. "Confío en tí, Tsipras" es una frase que, en mi opinión, demuestra una falta de criterio inmensa. E incluso "Confío en ti, Syriza", aunque bastante más llevadero, es también una apuesta arriesgada.

El paralelismo del "caso Tsipras" con otros casos de líderes desmesuradamente elevados a la categoría de héroes populares en otras latitudes más cercanas, es evidente. Pablo Iglesias, para poner nombre a las cosas, es un candidato absolutamente seguro para hacer lo mismo que ha hecho Tsipras, e incluso yo diría que sin necesidad de esperar a recibir enormes presiones por parte de la Troika. Obama lo fue en su momento en Estados Unidos.

Monty Python lo plasmó hilarantemente bien en su "Vida de Brian", y ahora nos toca a todo el mundo hacer examen de conciencia para saber si no somos uno de esos personajes que, en la comedia del grupo británico, persiguen a Brian por el desierto tras adorarle como nuevo profeta.

domingo, 5 de julio de 2015

Zorba

http://www.dailymotion.com/video/x50ulv_zorba-the-greek-1964_shortfilms
Zorba es un griego vital, sabio e ingenioso, mujeriego y directo. Honorable como sólo puede serlo alguien educado en tradiciones antiguas, incluso rancias. Pero sobre todo es un hombre decidido a no tener ataduras.

El pulcro inglés que le contrata para ayudarle a gestionar su herencia (una tierra en Grecia sobre la que nada sabe) se ve renuentemente convencido por Zorba para que le deje poner en práctica un proyecto alocado: convencer a los monjes de un monasterio próximo al terreno del inglés para que permitan la instalación de un mecanismo para bajar troncos de árboles desde lo alto de una montaña hasta la playa, donde el inglés podrá sacarles provecho.

Lo que Zorba construye es una especie de teleférico desde el monte hasta la playa. Su fe y su alegría de vivir contagia al inglés, a los monjes y a todo un pueblo cercano. El teleférico es un fracaso que queda destrozado casi al primer árbol que baja.

Y ahí, en medio del estrepitoso fracaso, Zorba construye otra cosa más valiosa: la capacidad de hacer frente al desastre anteponiendo al abatimiento la decisión de seguir vivo. La consecuencia es ese baile desenfrenado y liberador en plena playa al que arrastra al inglés, que aquí les dejo.

Y hoy, 5 de julio, el pueblo griego se ha vuelto Zorba, la mejor versión de Zorba.

συγχαίρω


miércoles, 15 de abril de 2015

Un hombre antiguo

Dos meses me ha costado encontrar la manera de escribir sobre mi padre. Cuando falleció mi madre sólo me costó unos pocos días, lo cual es significativo. Para empezar, me he preguntado numerosas veces por qué no encontraba las palabras, a mí que tan poco me cuesta normalmente encontrarlas. Ayer, viendo un partido de fútbol, el pensamiento se me fue sin querer a Camilo, que tanto disfrutaba viendo partidos en la tele. Y una cosa llevó a la otra y fui saltando, como suele ocurrir, de idea en idea. Primero reflexioné que le gustaba ver partidos, pero verlos solo o con muy poca compañía. Eso me llevó a centrarme en esa soledad que fue compañera de su vida por partida doble.

Las condiciones especialmente difíciles de la gente que vivió la Guerra Civil española y su sangrienta posguerra se asemejan mucho, porque las calamidades extienden una pátina uniforme entre quienes las han sufrido. Pátina que ellos no notan y que los demás, sin embargo, vemos con espanto. Las anécdotas que mi padre me contaba de su niñez y juventud son las anécdotas comunes a infinidad de personas de su generación: el hambre, el abandono, la soledad, el hambre, la falta de cariño, la soledad, la pobreza, el hambre, la soledad... Claro, el hambre era un factor determinante, y sólo quienes no la hemos pasado podemos verlo con extrañeza. Pero el hambre configura a pueblos y generaciones y les dota de una cultura cuyos rasgos aún podemos observar en las abuelas y abuelos que, ya en muy poca cantidad, van quedando de la generación de 1920-1930. Son esos tics de guardar la comida que sobra, de cocinarla aprovechando al máximo lo que se tiene, de poner platos abundantes como muestra de hospitalidad. Incluso de ponérselos a las novias y novios de sus nietos de hoy, que probablemente verán con horror cómo les piden que se coman un plato bien colmado de judías con chorizo, ellos que miden la dieta calórica mediante el reloj inteligente de su muñeca.

Y junto al hambre, la soledad. Una soledad esencial, cultural, podríamos decir. Una soledad instalada en los hábitos de pasear solos, de fumar solos, de comer solos. De hablar solos, llegado el caso. Una soledad producto de que no haya ninguna legión de familiares ni, mucho menos, un Estado permanentemente atentos a las más leves necesidades teóricas de cada individuo. Estoy solo porque la vida es así, diría la gente de esa generación.

Al menos, sería lo que mi padre podría haber dicho si le hubieran preguntado. A los quince años se quedó solo en Madrid viviendo a salto de mata, porque su padre, el viudo Feliciano, se acababa de casar en segundas nupcias con una mujer, también viuda, que ya aportaba cuatro hijos al matrimonio, y que de lo poco que había para comer, la mayoría procuraba que fuese a la boca de sus hijos, quedando con poco reparto los otros cinco fruto del anterior matrimonio de mi abuelo. Y cuando este matrimonio decidió irse a Valencia ante la presión de las tropas franquistas sobre Madrid, mi padre decidió, a sus quince años, que él no se iba con "esa señora".

Y lo gordo es que el matrimonio se fue y aquí se quedó, solo, mi padre. Solo, aunque con la poca ayuda de un hermano mayor, se fue labrando la vida. Solo vivió su matrimonio, como hombre antiguo que era.

Un hombre antiguo. Una definición que mi amiga Inés hizo de los hombres de aquellas generaciones, y que me encantó por lo definitiva que resulta. Significa que se trata de hombres con grandes dificultades para expresar sentimientos, porque la expresión de los sentimientos no formaba parte de la cultura masculina de entonces. Los problemas se los traga uno solito y los amigos están bien para acompañar y prestar algo de dinero si es necesario y pueden, pero no para estar llorándoles en el hombro todo el rato.

Esos hombres antiguos son (eran) difíciles de tratar, porque el trato íntimo no iba con ellos. Mi padre era así, y más de una vez me han entrado ganas de mandarle a la mierda cuando le hacía alguna pregunta más o menos cortés y me respondía con una brusquedad que ya uno no está acostumbrado a encontrar. Apenas si se puede trabar conversación, porque el monosílabo es la respuesta más frecuente. Ni dan las gracias por casi nada, ni reparten lisonjas por lo bien hecha que está la comida.

En cambio, todo hay que decirlo, muchos fueron capaces de sobrevivir en un medio hostil, de labrarse esa vida de la que hablaba, de encontrar un trabajo, de ahorrar un dinero, de comprar una casa, de dar de comer a sus hijos, incluso de guardarles unos ahorros... Sí que dieron mucho, aunque siempre desde el silencio de su soledad esencial.

Pocas horas antes de morir, Camilo Flórez, un hombre muy, muy antiguo, encontró la manera de hacerse consciente el tiempo suficiente para verme junto a su cama y, sin poder ya articular ninguna palabra inteligible, pedirme con gesto mínimo que me dejase abrazar por él. Y sepan ustedes que en ese momento, viendo la expresión de felicidad en su cara, di por saldada cualquier cuenta pendiente que el trato brusco y carente de emotividad hubiera podido dejar.

Un fuerte abrazo, padre.

miércoles, 25 de marzo de 2015

La unidad ausente



Leo en alguna parte de Facebook (en esta red es difícil saber dónde está uno exactamente, si en su página o en la de quién) que Raúl Ripense, ex-concejal de IU y miembro del PCE de Rivas, se ha descolgado con una temeraria afirmación, que rebaja a la categoría de burla, sobre el número de asistentes a la asamblea fundacional de Rivas Puede; y, por otro lado, que hace una reflexión sobre la unidad de la izquierda, la unidad popular y el papel que en ello, o más bien contra ello, juega Podemos.

Sobre lo primero, Raúl mira el video grabado a partir del streaming que en directo emitió Rivas Puede del transcurso de toda la asamblea, y saca la conclusión de que mienten quienes sostienen que casi 200 personas (se dan cifras desde 170 hasta 180) asistieron a la misma. Raúl no estuvo en la reunión, ni siquiera cita datos de alguien que estuviera, pero como ha visto el video, y en él cuenta aproximadamente 40 personas, da por supuesto que quienes afirmamos lo contrario mentimos (o que no somos capaces de contar) y que ¡por supuesto!, la cantidad buena es la que él dice. Sin embargo, Raúl conoce la Sala Covibar, donde se realizó la asamblea, y sabe perfectamente que la porción de la misma que puede verse en el video que él ha visto es aproximadamente un cuarto del total. O bien entiende que todas las personas asistentes fueron a sentarse exactamente donde el pudiera verlas, o bien debería llegar a la conclusión de que lo que él ha visto es parcial. Muy parcial. Sin embargo eso no le preocupa, mantiene su tesis de que mienten quienes insisten en la cifra entre 170 y 180 personas. Lo preocupante de esa actitud, pese a todo, no es en sí el empecinamiento de Raúl, sino el objeto del mismo. Y el objeto, según él mismo explica, no es otro que basarse en esa falsedad que achaca a los demás para concluir que quienes mienten tan descaradamente, poco creíbles pueden resultar a la hora de hablar de unidad, de honestidad, etc. El problema es que quien miente, o al menos quien no está dispuesto a comprobar y reconocer la verdad, es él. Y más aún, el problema es que lo hace por una razón tan sencilla como que todo lo que sea, provenga o "huela" a Podemos, en estos momentos para él y la gente que milita en los mismos sitios que él, es malo.

Hasta hace tan sólo dos meses, o menos, no era así, no crean. Hace unos dos meses casi era al contrario. Podemos era chachiguay, era el objetivo de unidad prioritario, era ese elemento que había supuesto la remoción de muchas conciencias. Era un factor no sólo positivo en general, sino "deseable" en la práctica de aquí (Rivas) y ahora (cerquita ya de las elecciones municipales).

Pero ahora ya no, miren ustedes por dónde. ¿Será que Raúl, al comprobar que Rivas Puede (candidatura inicialmente impulsada por Podemos Rivas) está "mintiendo" sobre la cifra de asistentes a su asamblea fundacional, se demuestra como un objetivo falso y engañoso, y por tanto cambia de opinión?. Más bien no. Lo que ha ocurrido en estos dos meses es que Podemos Rivas decidió impulsar una candidatura abierta a la ciudadanía (algo muy en la línea de lo que Podemos propone habitualmente) y aguantó, no aceptándolos, los empujones que le propinaban desde otra candidatura de características teóricamente similares, pero con una diferencia grande: era Izquierda Unida (donde milita Raúl) la que alentaba dicha candidatura. Y si Podemos había llegado a la conclusión de que en Rivas no era factible ir en la misma candidatura que la organización que ha tenido la responsabilidad de gobierno municipal durante los últimos 24 años, la única consecuencia posible para presentar una candidatura a las elecciones municipales, era crearla de manera diferenciada de la anterior. No enfrentada, pero sí diferenciada.

Y aquí es donde la primera afirmación de Raúl (Podemos es una organización mentirosa) entronca con la segunda (Podemos es un obstáculo para la unidad popular).

El problema de cantar las bondades de la unidad popular, e incluso más aún, de la unidad de la izquierda, únicamente en periodos pre-electorales, es que queda como poco creíble. Antes de esa fecha aproximada de dos meses, en que todo cambió a este respecto de la unidad, nunca se había dado un acercamiento de IU hacia Podemos. Nunca hubo una propuesta de "unidad" del tipo que fuese. Tan sólo hubo un gesto (muy de agradecer, por otro lado) del Alcalde, Pedro del Cura, el día de las elecciones europeas, al acercarse al lugar donde Podemos estaba festejando su victoria a nivel local en esos comicios, para darla enhorabuena por ella. Algo agradecible, insisto, pero ritual y carente de significado.

Han transcurrido siete meses entre aquellas elecciones europeas y el pasado mes de febrero. Siete meses en los que la propensión hacia la unidad podría haber tenido algún tipo de manifestación. Pero no la hubo. Y yo, fíjense ustedes, tiendo a pensar que si no hay una sola muestra de pretender buscar la unidad entre dos fuerzas políticas en tanto tiempo, es por la sencilla razón de que tal pretensión no existe.

Y en esas estamos. Ahora nos encontramos con dos candidaturas que se reclaman abiertas a la ciudadanía, muy de unidad popular y muy por la labor de fomentar la participación. Sólo que una de ellas comienza negando que esté "patrocinada por IU" y termina encontrándose con que IU de repente decide integrarse en ella "con sus siglas" (es decir, como organización y no a título particular de sus militantes). Y, claro, IU es una organización muy potente en Rivas (en mi opinión, la más potente), con una práctica militante larga y fructífera, a pesar de las recientes divisiones internas. Y precisamente por ello, en Podemos, previendo que tal cosa iba a ocurrir (la integración de IU en la otra candidatura), creímos que no podía desconocerse el peso desequilibrante que tal integración iba a tener dentro de esa candidatura. Desequilibrante a todos los niveles, pero sobre todo al nivel que por lo visto termina siempre siendo determinante en cualquier proceso electoral: la elección de los candidatos que formarán la lista electoral. Antes de esa integración en la otra candidatura (de la que Raúl, por cierto, es parte integrante, al menos en la medida en que lo es su organización), IU había hecho pública la elección de Pedro del Cura como candidato de IU a la Alcaldía. Ahora que IU se integra en otra candidatura, ¿seguirá optando el actual Alcalde de Rivas a ser candidato en ella? Desde luego, es legítimo que así lo pretenda, ningún problema. Y será legítimo que su organización se vuelque para lograr que sea el más votado en cualquier tipo de primarias internas de esa candidatura.

Sólo hay algo que no termina de gustarle a Raúl (y me temo que tampoco al resto de IU Rivas), y es la existencia de esa otra candidatura que a la idea abstracta de la unidad de la izquierda o la unidad popular, le antepone la idea y la voluntad de hacer las cosas mejor de lo que se han hecho en el gobierno municipal hasta ahora. Esa otra candidatura es Rivas Puede, y ese dato marca el punto en el que se cierra el círculo de la relación entre las dos afirmaciones de Raúl Ripense.

Pues vaya plan.

viernes, 23 de enero de 2015

La oposición desperdiciada

Es habitual (aunque no debería de serlo) que la oposición política en cualquier órgano de gobierno clame, la mayoría de las veces infructuosamente, por la adopción de medidas de transparencia por parte del Gobierno del órgano correspondiente. Los gobiernos, ya se sabe, son remisos a airear el funcionamiento de su maquinaria, porque es a menudo tan enrevesada que difícilmente puede encontrarse ojo de aguja por el que pueda pasar su camello gubernamental.

Los gobiernos y sus representantes en comisiones de investigación a todo lo largo y ancho del orbe, sudan tinta cuando se ven obligados a ejercer la transparencia y arrojar luz sobre sus acciones. La grabación de voz o la captura de imágenes son la pesadilla habitual de los responsables gubernamentales, ya que éstos son conscientes de que con relativa facilidad pueden quedar registrados, a través de esos medios, acciones o detalles que en nada les favorecerán.

En las comisiones de investigación la oposición suele tener sus momentos de mayor gloria cuando consiguen -rara avis- sentar a los responsables gubernamentales en algún tipo de banquillo de acusado y delante de cámaras que permiten a cualquiera, en cualquier parte del mundo, ver y escuchar lo que se les pregunta y, sobre todo, lo que responden. A la manera en que hemos visto tantas veces en los telefilmes, el papel de la oposición es allí agradecido y vistoso, mientras que el de los representantes de un Gobierno (cualquier gobierno), es deslucido y antipático.

Lo que no es nada habitual es que sea la oposición la que tenga recelos de la transparencia que el video y el sonido aportan a los trabajos de una comisión de investigación. No es normal que el representante opositor deba estar pendiente de sus palabras para que no le pillen después en un renuncio. No es habitual que necesite callar cuando su papel debería ser el de alzar la voz.

En Rivas, independientemente del juicio que a cada cual merezca la actuación de las personas investigadas por algunos casos de contratación municipal puestos en entredicho, se ha dado esta situación. El representante del principal partido de la oposición declaró en una de sus sesiones, y a pregunta de una compareciente (la ex-concejala Tania Sánchez), que el procedimiento seguido en esas contrataciones había sido "exquisito". La comparecencia, al igual que el resto de las comparecencias en todas y cada una de las sesiones de esa comisión de investigación (cuyos trabajo apenas acaban de finalizar), fue registrada en video y emitida en directo por el canal web del Ayuntamiento.

Así, el representante del principal partido de la oposición dejó para la posteridad una perla que ahora puede que le venga peor que mal, porque es el caso que después de reconocer públicamente tal cosa, va y presenta una querella por prevaricación y trato de favor en los casos investigados, y precisamente, entre otras, contra la ex-concejala ante la cual reconoció lo que reconoció.

Ahora el fiscal deberá enfrentarse a la tarea de optar entre admitir a trámite una querella sobre cuyo objeto el querellante ha reconocido no existir motivo para interponerla; o bien dar unas amistosas palmaditas en la espalda al representante de la oposición, indicándole amablemente el camino de la puerta de salida del edificio judicial, al objeto de que no se pierda por los intrincados pasillos y recovecos que, real o alegóricamente, tienen las sedes judiciales españolas.

Juzguen ustedes, pues, si está bien puesto el título de esta entrada.