Se pasa el arroz

Estoy absolutamente convencido de que caen chuzos de punta en más de uno de esos entornos variables de los que hablaba hace varias semanas. Cada vez que ETA decide volver a sus ensoñaciones de ser una banda fuerte y que puede poner contra las cuerdas al Estado español, pondría yo la mano en el fuego por que unas decenas de abertzales cada día menos incondicionales, se quejan en voz cada vez más fuerte y en círculos cada vez más grandes, de la proximidad del fondo del callejón en que los etarras andan metidos y, por pasiva, en que han metido a sus amigos.

Pero no terminan de decidirse a elevar esas quejas en mitad de la calle. No terminan de decidirse (no digo que sea fácil) a decir adiós a los autodenominados gudaris.

Pues el tiempo transcurre y el arroz se pasa. No se extrañen luego de ver cómo se aleja el tren, aún próximo pero ya inalcanzable, hacia el horizonte.

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