Sastre, Soraya y el tonto del pueblo

Dice Alfonso Sastre, repitiendo palabras de amigos suyos a quienes no cita, que Iturgáiz, el dirigente del PP vasco, era considerado de niño el tonto del pueblo. ¿Será esto verdad? ¿Deberá unirse la imagen de Iturgáiz a la que la derecha da, un día sí y otro también, de Zapatero? ¿Deberán pasar los dos a una especie de Panteón de los Políticos Tontos?

¿Y deberá acompañarles Soraya Sáenz de Santamaría? Esa muchachita, tan insobornablemente icónica del pijerío multinacional, ha sido informada por algún celoso acólito acerca de las palabras de Sastre, no sobre Iturgáiz (que de lo espetado por el dramaturgo acerca de éste nada ha dicho la portavoz pepera, cosa muy significativa), sino sobre la necesidad de emprender una negociación con el mundo abertzale vasco para terminar de verdad con la violencia.

Yita (de Sorayita), que se encontraba en la ciudad india donde se verifica el sepelio de Vicente Ferrer, parece ser que consintió en quitarse el pañuelo de la nariz (medida indicada para no tener que tragarse el hedor de la pobreza, tan molesto) para emitir, con la voz gangosa que le sale a uno cuando habla pinzando la nariz con dos dedos, unas declaraciones llenas de gracia y donosura, de sin par elocuencia y originalidad política, en las que llamaba a "plantar cara a ETA y a su entorno para decirles que no van a llegar a ningún lado, que no van a conseguir nada de lo que buscan matando y que van a acabar donde tienen que estar, en la cárcel". ¿Les parece a ustedes haber oido antes esta frase? para mí es como un déja vu.

Una vez leído el artículo de Sastre en el que abogaba por esa barbaridad de la negociación, resultó que me enteré de varias cosas, unas directamente y otras deducidas, a saber:

1. Que Alfonso Sastre no dice nada demasiado diferente de lo que hemos dicho decenas o centenares de personas en los últimos tres o cuatro años (yo sólo me diferencio en que no me parece que haya que hablar con ETA, tiempo perdido, sino con aquellos sectores abertzales que estén dando señales suficientemente potentes de querer cambiar las reglas de juego, comenzando por pedir a ETA el fin de la violencia).

2. Que dado que Yita coloca directamente a Sastre en la peligrosa franja del llamado "entorno de ETA" por decir esto, y dado que yo había dicho cosas muy parecidas antes incluso que el autor teatral, me supongo que yo debo estar por ahí, por ahí...

3. Que Iturgáiz parece haber sido de niño el tonto de su pueblo.

Y les digo la verdad, para ser cosas sacadas de unas declaraciones de Sorayita, no está nada mal. Que de lo que esta chica dice, muy pocas veces puede sacar uno en claro nada digno de mención.

Comentarios

SPOOK ha dicho que…
Escribe D. Antonio:
“yo sólo me diferencio en que no me parece que haya que hablar con ETA”
Si entiendo bien lo por usted escrito no es poca diferencia, todo un Rubicon les separa, como a Julio César de Calígula, como a Juan María Bandrés de de Juana.
Una distancia de magnitud ética (y épica) a que hacía referencia en su anterior entrada, ética que tiene como prioridad por encima de cualquier otro objetivo político la defensa de la vida humana, la procura de una VIDA BUENA para todos y cada uno, para contemporáneos y para futuras generaciones.
AF ha dicho que…
No voy a decir que me parece poca la diferencia, pero tampoco creo que pueda decirse que me aleja totalmente del tema. Para mí, lo relevante es la voluntad de reconocer que hay un componente político muy importante en la "sublevación" abertzale (cosa que Sastre menciona explícitamente)
y que ese componente hay que abordarlo políticamente.

He leído muchas veces que de hablar con alguien, habría que hacerlo con ETA directamente, porque son quienes tienen las armas y quienes tienen que dejarlas. Pero yo no estoy de acuerdo, porque, siendo verdad ambas cosas, no lo es menos que esas armas sin un ambiente favorable a su uso en buena parte de la sociedad vasca, no serían tan fáciles de usar, incluso llegarían a ser inútiles.

Quienes pueden lograr que ese ambiente cambie, que desaparezca casi totalmente, o al menos en proporción tan significativa que alcance a cambiar el estado de ánimo social, quien puede hacer eso, digo, no es ETA, sino aquellos sectores que hace tiempo estoy seguro que se han dado cuenta de la inutilidad de la actual forma de lucha, y estarían dispuestos a procurar cambiar las cosas.

Esa gente no es una entelequia. Y no sólo es Otegi. Ya sé que en muchas ocasiones parecerá que esa gente se hace la sueca y que debería, si tiene realmente interés, moverse más rápido y más visiblemente. Pero hay que entender que la apuesta es de mucho calado, que se juegan mucho en ello (puede que la vida, en determinados casos) y que nadie les va a proteger.

Pues precisamente creo que eso es lo que habría que hacer: proteger no tanto a las personas (se supone que la ley y las fuerzas de seguridad deben hacerlo de oficio) sino la iniciativa, cuando la haya.

Un saludo,.
Blog de Paco Piniella ha dicho que…
Creo que el llamado problema vasco tiene muchas aristas, especialmente cuando estas allí es cuando más complicado lo ves. En la Universidad del País Vasco lo más importante es tener un nivel de euskera (bastante complicado para un castellano parlante) antes que tener un buen curriculum o un número importante de publicaciones. El idioma como síntoma de identidad se ha querido imponer a los vascos en su totalidad y son ellos mismos los que lo han rechazado. Esto es sólo un ejemplo de modos de violencia que a veces no salen en los periódicos pero que salpican la sociedad haciéndola más agria, menos propicia al diálogo.
Yo entiendo que el pacto PSOE PP es antinatura y hubiera preferido un entendimiento con el PNV pero es verdad que el nacionalismo vasco ha creado un régimen que el nuevo Gobierno con la renovación puede al menos democratizar, puede, digo puede.
Bueno Antonio buen domingo. Salud y Playa.
AF ha dicho que…
Pues es verdad lo de la violencia de "baja intensidad" que usted dice, don Paco. Lo que ocurre es que yo creo que es comparable con otras violencias que también podemos calificar así y que a diario padecemos nacionalistas y no nacionalistas, hombres y mujeres, altos y bajos. Me explico:

Ser consciente de que en una Universidad a la que uno quiere acudir se dan notas más en función del conocimiento del euskera que se tenga, que de los conocimientos que se atesoren, creo yo que puede provocar varias sensaciones: frustración, indignación, orgullo herido (?)... pero yo me pregunto: ¿no son esas mismas sensaciones, o parecidas, las que podemos experimentar si, por ejemplo, se enfrenta uno a la destrucción sistemática de los servicios de enseñanza pública que una Comunidad ofrece a nuestros hijos? ¿No nos indigna y subleva ir a un hospital para que le den cita para una resonancia vital para recuperar una cadera y que te digan que llames dentro de tres meses, que entonces te darán esa cita con la evidencia de que lo que pretenden es empezar a contar el plazo de citación a partir de esos tres meses, no de ahora mismo, que es cuando estás pidiendo hora? ¿No hay una enorme frustración cuando busca uno en el Boletín Oficial correspondiente aquella deducción por estar pagando un alquiler de 875 euros después de haberte divorciado y tener que pagar la mitad del otro piso y una pensión, pero no encuentra nada si no eres joven, o si no ganas literalmente una miseria (en cuyo caso la deducción que te ofrecen sería ridícula)?

Son todos casos que me ocurren personalmente o bien a personas muy cercanas a mí. No me invento nada, y creo que cualquiera sabe que estos casos no sólo se dan, sino que son muy frecuentes. ¿En qué podemos diferenciar la rabia y la frustración prducidas por una cosa de las producidas por otras?

A lo que voy es a que un sistema tan crecientemente injusto como éste produce a diario montones de injusticias (es su naturaleza), y sin embargo paramos mientes en unas con un celo increíble, y respecto a otras pasamos de puntillas, o bien las señalamos pero dejamos en el limbo de las utopías cualquier respuesta eficaz a ellas.

Esto es lo que me solivianta, don paco.

Un saludo.

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