Podemos fuerza más avances en dos meses que toda la izquierda en 20 años


Me apresuro a decir, antes de que se me echen encima las y los muy dignos y apreciables partidarios sólo de los avances revolucionarios, que esto que ha logrado Podemos presionando y negociando con el PSOE supone conseguir más de lo que ha conseguido el conjunto de la izquierda en este país en veinte años, y me quedo corto.

No es casualidad, porque Podemos, dentro del planteamiento globalmente socialdemócrata que tiene, es una formación que sigue siendo atípica. No es absolutamente novedosa ni rompe totalmente con las dinámicas de "los partidos viejos", como tanto gustaba señalar la fraseología de la propia organización hace no tanto tiempo, pero sí ha marcado y sigue marcando algunas diferencias importantes con las organizaciones tradicionales

Valga señalar, en este sentido, el hecho de que, si bien el tipo de primarias que Podemos plantea para elegir a sus candidatas y candidatos se va alejando progresivamente del modelo inicial, abierto, también lo es que nadie hacía esto en España antes de la aparición de Podemos. Osea, que ahora mucha gente dice que las primarias que hace Podemos son muy parecidas a las que hacen otros partidos, pero es que hace tan sólo cinco años ningún partido hacía ningún tipo de primarias reales.

En otro orden de cosas, sumamente importante, Podemos sigue siendo la única fuerza política relevante en España que no se financia a través de la banca. La relevancia de esta cuestión no aparece en toda su magnitud hasta que uno no se para a recordar las ingentes cantidades de millones que partidos como el PSOE o el PP, pero también IU, debían a la banca después de cada campaña electoral... y casi hasta el comienzo de la siguiente. Y no se puede maniobrar políticamente con la suficiente independencia cuando le debes tanto a quien, en algunos casos, quieres rebajarle el poder.

En el orden interno, la militancia de Podemos -lo sé por experiencia propia- pone el grito en el cielo cada vez que un órgano de dirección marca unas directrices, ya sean políticas u organizativas. "¿Quién ha decidido esto, dónde se ha decidido, en qué despacho?", claman constantemente. Y yo tengo que reconocer que las decisiones políticas relevantes no se adoptan en el entramado de asambleas de círculos de todo el país, ni siquiera en las salas de reunión de los órganos a nivel local. Pero, con las mismas, debo reconocer que en toda mi experiencia militante nunca me habían ofrecido tantas consultas a las y los inscritos sobre temas relevantes (aunque, bien es cierto, alguno no lo sea tanto en mi opinión). "Sí, pero la dirección bien que se preocupa de apoyar y hacer propaganda a diestro y siniestro en favor de lo que propone, para que salga lo más votado", se dice, rezongando o abiertamente, por todo el territorio podemita. Y, claro, así es. Resultaría un tanto extraño que la dirección de un partido político no procurara por todos los medios que la gente no sólo se entere de su propuesta, sino de que la entienda y la vote a favor.

También es atípico, aunque haya ido creando una cultura al respecto y ahora parezca más normal, aquello de que los cargos públicos pertenecientes a Podemos reciban un salario digno sin más. Vamos, que se alejen de la pasta gansa que estábamos acostumbradas a ver que recibían ministros, consejeros, diputados y demás clases de la política institucional española (y de otros sitios, no crean). De nuevo, tras el paso al frente de Podemos en este aspecto, vinieron otros que se apresuraron a acercarse a este planteamiento, aunque quedándose mucho más lejos del mismo en los hechos que en las palabras.

¿Y qué decir de la apertura de la organización a gente a la que no se le pide ningún tipo de carnet para estar en Podemos y votar cuestiones relevantes? La figura del simpatizante siempre ha existido en las organizaciones políticas, pero se trataba de una figura que jamás podía aspirar a votar (si no era indicativamente, sin peso en el resultado final) las políticas de la organización. Pero en Podemos se han votado cosas sumamente relevantes, tanto a nivel nacional como regional o local, y lo han hecho las personas inscritas a las que no se les ha pedido certificado alguno, ni siquiera de no pertenecer a otras organizaciones. Claro, es distinto si se trata de presentarse como candidatas o candidatos a un cargo interno o a uno público. Nada más razonable y prudente, creo yo.

Sí, decididamente se trata de demasiadas cosas, y demasiado importantes, que separan a Podemos de otros partidos. Y, aún más importante, dentro de ese perfil socialdemócrata al que aludía al principio, Podemos es coherente con lo que dice. Negocia para obtener aquello que predica. No cambia cromos en mitad de la negociación, y el resultado es que podrá lograr más o menos objetivos al cien por cien, pero la ciudadanía no nos encontramos con el chasco de que un día estén presionando para obtener 1.000 euros de SMI, y al siguiente acepten los 750 que el oponente planteaba, sólo que ahora alguien del partido pasa a ocupar el ministerio tal o cual.

La propia experiencia va afinando la capacidad de situar el umbral de lo posible y marcarlo como objetivo, lo que define el rasgo socialdemócrata y se aleja del planteamiento revolucionario, desde luego. Pero las y los revolucionarios españoles no hemos (han) sabido encontrar, en los últimos cincuenta años, un camino medianamente transitable hacia la revolución. Y mientras tanto, el nivel de vida de las y los españoles ha ido descendiendo en los últimos tiempos hasta cotas inasumibles. Ahora mismo, esa subida desde los 630 euros del SMI actual hasta los 900 que pronto podremos disfrutar, implicará un balón de oxígeno descomunal para muchas personas. Un oxígenos que puede que les permita respirar con la suficiente soltura como para plantearse otras actitudes, otras exigencias.

Porque, es algo bien sabido, de la miseria puede surgir la rebelión, pero también la muerte por inanición.

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