El Padrino

Hace pocos días volvieron a poner en la tele uno de los mitos cinematográficos de todos los tiempos: El Padrino. La segunda entrega de la saga (que fue la que vi) muestra a uno de los hijos de Vito Corleone, Michael, aposentado como jefe de la Familia y muy preocupado por avanzar en dos direcciones sólo aparentemente opuestas: aumentar y consolidar su poder dentro del mundo mafioso y, por otro lado, legitimar su riqueza, comprando descaradamente a senadores que le avalen para acceder a la élite política y social sin tener que ocultar la procedencia de su fortuna.

Una de las razones de que El Padrino se haya convertido en ese mito que es, reside en el equilibrio entre la casquería de la violencia mafiosa y el fino y contenido retrato no ya de una época, sino de un sistema y una élite. A los Corleone les acucia la necesidad de sentirse legitimados en un sistema en el que, pese a la propaganda al respecto, sigue habiendo clases. La élite política norteamericana de la época (mediados de los años 50), tremendamente conservadora y corporativista, mira con temor, pero con desprecio, a un advenedizo que asusta porque recurre a los mismos métodos que, siglos atrás, utilizaron los primeros miembros de la nobleza feudal europea y, con el paso de los tiempos, utiliza la élite económica actual. El aforismo según el cual tras toda gran fortuna hay algún delito o crimen se basa en la experiencia colectiva acumulada desde tiempos ya inmemoriales.

Por otra parte, leo en la prensa que Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, da un plazo de quince días al concejal de Hacienda del ayuntamiento de Madrid, Carlos Sánchez Mato, para que utilice los más de 200 millones de euros ahorrados por la administración de Manuela Carmena, poniéndolos al servicio de un nuevo pago de intereses a la Banca.

Quince días.

Michael Corleone es consciente de que, más que legitimarse para incluirse en la élite social y política, lo que puede hacer es extender la influencia de su familia hasta la cúspide de esa élite. Se lo dice, de pasada, otro mafioso, Hyman Roth, en La Habana: la Mafia tiene el dinero y los medios necesarios para poner en la Casa Blanca a un presidente que actúe bajo sus órdenes.

Ese sueño mafioso no sé si se ha llegado a cumplirse exactamente en Estados Unidos, pero lleva camino de cumplirse en España.

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