De primaveras y aniversarios

El próximo 28 de abril, en el Pleno municipal de Rivas, pienso llevar un clavel rojo. Hoy, día 25 de este mismo mes, es el aniversario de la Revolución de los Claveles en Portugal, y considero que están las dos fechas suficientemente cercanas para que el hecho sirva como homenaje.

Un país, Portugal, y una revolución, la portuguesa, a los que España siempre ha dado la espalda, pero que ha dejado tras de sí, junto a muchos golpes bajos, el mantenimiento de una capa social amplia que ha venido apoyando propuestas de izquierda de forma continuada. No olvidemos que antes, mucho antes de que surgiera el 15M en España; antes de que en Francia tuviera eco el Partido de la Nueva Izquierda; y, claro está, antes de que surgieran Syriza o Podemos, en Portugal el actual Bloco d'Esquerda ya tenía diputados y alcaldes.

También en abril se ha conmemorado el aniversario de la proclamación de la Segunda República en España. Sin embargo, no he puesto ningún post en esa fecha. ¿La razón? No voy a decir una cosa por la otra: la principal razón es el maremagnum de eventos y reuniones en las que se ve uno metido, que relegan eficientemente las emociones a un segundo o tercer plano. Pero no sólo.

Puede que también haya un factor generacional que hace que la Segunda República me quede más lejos, y que la Revolución de los Claveles la sienta más mía. Motivos (de edad) hay para ello, sin duda. Por otro lado, aunque también en Portugal hubo una contrarrevolución manifiesta y otras muchas menos evidentes, lo cierto es que en el país vecino aquel 25 de abril dejó más poso del que ha dejado la Segunda República en España. Es más fácil encontrar a gente conociendo y cantando Grandôla Vila Morena en Portugal, que el Himno de Riego en España, por decirlo de algún modo.

Me entra la duda de si es patriótico sentirse más cercano a aquellos siete días de abril que acabaron con una dictadura que prometía ser más longeva que la de Franco, que a todo lo que la Segunda República representa. Pero no se preocupen, porque evito cuidadosamente contestarme a mí mismo, porque en el fondo nunca he sido muy patriótico, término que me resulta difícil desvincular del más peyorativo de patriotero.

Sea como fuere, aquí dejo una vez más una canción que inevitablemente, año tras año, hace que se me ericen los pelos de la nuca y se me salte una lágrima traidora.


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