jueves, 21 de enero de 2016

La memoria, sin más remedio



Leo en eldiario.es acerca de una singular página web, Escoitar.org, en la que gente con fundamento ha colgado alrededor de 1.200 grabaciones de distintos sonidos relacionados con Galiza. Son sonidos comunes, callejeros, de los que nuestro oído recoge pero nuestra mente filtra para que apenas los escuchemos: la lluvia repiqueteando, monótona, en una carretera de una aldea gallega, un domingo por la mañana; las campanas de un pueblo convocando a la fiesta del lugar; las olas batiendo contra el casco semihundido de un carguero en la Costa da Morte...

Si estas grabaciones, que forman lo que los constructores de la página llaman un mapa sonoro de Galiza, no fueran por sí mismas suficientemente singulares como conjunto, se añade el hecho de que cada sonido, una vez que alguien, cualquier persona, lo escucha, queda automáticamente borrado de la página. Nunca más podrá escucharlo nadie. Cuando entre usted en esa página, pues, ya no habrá 1.200 grabaciones disponibles. Vaya usted a saber cuántas quedan...

Escuché varias de ellas con una mezcla de sentimientos: curiosidad por ver qué me deparaba cada grabación, pero también culpabilidad por ser causante, por el mero hecho de escucharla, de su desaparición.

Cuando iba por la tercera grabación, de repente me acometió la urgencia de dejar de escuchar más cosas. La curiosidad me incitaba a ello, pero me di cuenta de que no se trataba, al menos para mí, de escuchar mucho, sino de retener algo.

Es lo que nos hace falta. Urgentemente, perentoriamente. Nos resulta imprescindible no meter más información en nuestra pobre cabeza. Nos hace falta más bien procesar la que ya tenemos, reconocer su valor y sacar conclusiones de ella. Da igual si es un monótono sonido grabado de lluvia o la última valoración sobre la posibilidad de que forme gobierno el PP o el PSOE. No necesitamos más información. Necesitamos buena información y tiempo para procesarla.

Así, el hecho de que estas grabaciones sonoras se autodestruyan nada más ser escuchadas remite al imprescindible ejercicio de memoria y de reflexión. El imprescindible ejercicio de pensar sobre lo que sabemos antes de colmar nuestras pobres neuronas con centenares de conocimientos adicionales. Créanme, no hay más remedio.