jueves, 6 de agosto de 2015

Una mandíbula cuadrada y firme

Hay rasgos físicos que hablan del carácter de una persona mucho mejor que las bolas de cristal o las líneas de la mano. Hay ojos, manos, pómulos, frentes, mandíbulas y bigotes que nada más verlas le dicen a uno que esa persona es recta, seria, firme.

Piños tenía un conjunto de esos rasgos que llevaron a una agencia de modelos a fotografiarle. Transmitía credibilidad, honradez, fiabilidad. Y sus rasgos no mentían.

Quizás fue la primera persona en la LCR que dejó huella en mí. Ni se arrugó ante la cárcel ni lo hizo ante los palos y los disparos de la policía en decenas de ocasiones. Constante en su militancia, muy serio en sus planteamientos, vivió hasta los cuarenta años largos una vida dedicada casi exclusivamente a esa misma militancia política. Tan sólo a los cuarenta y muchos, con décadas de no haber pensado en sí mismo (como Moro y como tantos otros de los dirigentes de aquel partido), asumió la necesidad de cambiar su vida y buscar un modo razonable de ganársela.

Al tiempo, encontró en una vieja compañera a la compañera final de su vida. Tuvo dos hijas y un trabajo decente que le procuró una jubilación ligeramente anticipada también decente. Y sólo ocho o nueve años después de eso, esta misma mañana, un infarto le ha sacado de su Cantabria natal y se lo ha llevado. Supongo que a una urna. Quizás a una tumba en un cementerio.

Normalmente soy muy partidario de la incineración, En este caso, sin embargo, de manera egoísta, me gustaría que a Piños le enterrasen. Sólo para poder tener un lugar al que acudir para saludarle. Con toda la admiración que entre gente así no suele manifestarse en vida, porque suena a coña, pero que cuando se van te das cuenta que de coña, nada. Les admiras, y mucho.

Ojos, manos, pómulos, frentes, mandíbulas y bigotes como los de Piños no se queman ni se pudren así como así. Cincuenta años después siguen indelebles en la memoria de quienes los han visto y los han conocido. Que le sea leve a la tierra o al fuego, porque con gente como tú, Piños, más les vale a los elementos andarse con cuidado.