Mi querida Emmanuelle

Para mi sorpresa, el fallecimiento de Silvia Kristel, la Emmanuelle de las películas eróticas de los años 70, me ha sumido en un miasma de melancolía. Nada me unía con la Kristel, una actriz olvidable en tanto que tal y ni siquiera un cuerpo espectacular que uno pudiese recordar de entre otros centenares o miles de cuerpos espectaculares. Pero el recuerdo del personaje y de lo que éste provocó en la España de mi adolescencia, eso sí me pone melancólico.

La serie de películas de Emmanuelle, a cada cual peor cinematográficamente, respondían, en su clamoroso aunque un poco vergonzante éxito, a los fantasmas acumulados durante décadas. Unos fantasmas, diría yo, heredados de generaciones anteriores y que nos convertían inevitablemente en seres un tanto babosos que, como tal, babeaban en torno a las revistas eróticas (sucedáneo del porno que nos habría gustado ver) y, a partir de que se empezó a relajar la censura franquista, en torno a las películas donde se veía "chicha".

Los fantasmas se heredaban, pues, como se heredaba el hambre, o la ropa, los libros y los juguetes de los hermanos mayores. Y Silvia Kristel rompió el fuego en un momento clave en el que ya se barruntaba que se terminaba una época de herencias rancias, pero no temíamos claro hasta dónde nos permitiría llegar aquella otra que comenzaba.

Y fue ahí, en esa tierra de nadie histórica, donde se fraguó la ingenuidad sexual de una generación que vivía entre la atormentada necesidad de sacar fuera las hormonas, y el perverso yugo social que aún nos encorsetaba, bien dentro del estrecho catolicismo español, bien dentro del miedo de la izquierda a no ser suficientemente de izquierda.

Como no soy psicólogo ni psicoanalista, ni siquiera soy argentino, renuncio a considerar con qué tiene exactamente relación esta melancolía que me invade tras la muerte de Silvia Kristel. Sin embargo, si yo fuera ustedes y me importara algo todo esto, apostaría por la muerte de Emmanuelle, y no de Silvia Kristel, como desencadenante de la morriña.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
joder que bien retratada aquella epoca, no se puede explicar mejor.

un abrazo.

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