Una estación abandonada de un ferrocarril fantasma


A finales de los años cuarenta y comienzos de los 50, el gobierno de Franco decidió hacer un ferrocarril que uniría los puertos de Santander y Valencia. Para ello fue necesario realizar un trazado que debía salvar los Picos de Europa, cosa que se hizo mediante una sucesión de túneles, el más largo de los cuales, el llamado de La Engaña, medía algo más de 6 kilómetros de largo, uno de los tres de más longitud de España en la época.

Por razones que no quedan claras (hay quien habla de presiones de la burguesía vasca, preocupada por la competencia que el puerto de Santander podría hacer al de Bilbao con este ferrocarril), el proyecto no llegó a terminarse, aunque se contruyeron importantes infraestructuras del mismo, incluyendo tramos con el tendido de las vías ya hecho y estaciones construidas.

Una de esas estaciones que se llegaron a realizar fue la de Yera, a la salida del túnel de La Engaña por la vertiente cántabra. Yera no es ni siquiera una aldea, sino más bien el nombre de un lugar en el que, como es frecuente en la zona (a pocos kilómetros de la localidad de Vega de Pas, en un impresionante paisaje de montaña), se hallan algunos caseríos dispersos.

Ahí, a unos cientos de metros de la boca del túnel principal, es posible encontrar esta fantasmal estación, hoy utilizada como cuadra y abrigo para ganado de la zona. Al igual que los túneles, fue construida por prisioneros políticos republicanos, que construyeron también sus propios alojamientos durante los años que duraron las obras.

Hoy, la estación de Yera es un vestigio abandonado de un ferrocarril fantasma, y desprende el aroma un tanto misterioso de todas aquellas cosas que pudieron cambiar radicalmente la vida de mucha gente, pero que finalmente no son sino sombras en un valle tranquilo. Un aroma, nada desagradable a pesar de todo, mezcla de hierba, lavanda y mierda de caballo.

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