Rubalcaba, dimisión

Son muy significativos los argumentos del Constitucional enmendando la plana al Supremo en el caso Bildu. La afirmación más clara ("La pretensión de asegurar a ultranza, mediante controles preventivos, la seguridad del Estado constitucional pone muy en riesgo al propio Estado constitucional") es, casi punto por punto, la que hemos defendido, sin ser magistrados de ningún tipo, miles de personas en este país en los últimos diez años. No es que me haga una especial ilusión que los del Constitucional me den la razón, pero en fin, algo es algo...

Pero lo que más llama la atención es que tras esos argumentos hay un tirón de orejas a los jueces del Supremo que dictaminaron la ilegalidad de las candidaturas de Bildu, sin que, a renglón seguido, se extraiga el adecuado corolario: esos jueces deberían dimitir. Nadie que razone de la manera torticera en que razonaron los del Supremo pueden, de manera creíble, alegar honestidad de juicio en su favor. Sólo hay que seguir el hilo del razonamiento sencillo que el Constitucional hace ahora; sólo hay que escuchar una vez a las voces que piden cordura y justicia; sólo hay, en definitiva, que no estar por la labor de que los Fabra, Gürtel y compañía de este mundo se vayan de rositas; sólo hay que estar por todo eso, para que resulte fácil razonar como razona el Constitucional.

¿Y el ínclito, probo y nunca bien ponderado ministro del Interior? ¿Negará que ha aplaudido, en público o en privado, las maniobras de su policía para inculpar con argumentos infantiles a los miembros de las candidaturas de Bildu? ¿Por qué no dimite también él? Como responsable máximo de la Policía, lo es también del intento de ilegalizar ilegalmente una opción política.

Dimita usted, señor Rubalcaba. Es a usted a quien van dirigidos los argumentos del Constitucional.

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