Las cosas en Libia no son iguales

Estados Unidos tiene una enfermiza incapacidad para entender los procesos sociales. Por encima de cualquier evidencia, insiste en creer lo que sus analistas (que al paso del tiempo va uno dándose cuenta de que tienen una capacidad real de análisis similar a la de la mayoría de los tertulianos de la radio, y basada en parecidos criterios) le dicen acerca de las reacciones que se darán si toma tal o cual iniciativa. Ahora ha decidido liderar una acción internacional (antes decíamos 'ejercer de gendarme', pero no sé si se entendería) contra el ejército libio, en apoyo a una revuelta que cuenta, en lo que a mí respecta, con toda la legitimidad del mundo, pero que no se parece a las habidas en países del entorno próximo y menos próximo de Libia.

La primera cosa en la que no se parece es en las condiciones materiales (sociales, económicas...) en que se da la revuelta libia. El país es uno de los más ricos del norte de África, debido, claro está, a los yacimientos petrolíferos. Su población es pequeña y si bien la falta de libertades es muy notoria (y en eso sí se iguala esta revuelta con otras llevadas a cabo en la zona), la situación económica de los libios ha sido, desde hace medio siglo, diferente a la de sus vecinos. No es que no haya pobres, pero ser pobre en Libia significa algo distinto de lo que significa, pongamos por caso, en Túnez o Egipto.

A uno le encantaría pensar que las revoluciones se dan gracias al noble impulso de la ideología, o del simple deseo de libertad. Pero lo cierto es que la Historia ofrece pocos ejemplos de ello, por no decir ninguno. Incluso las revueltas nacionales contra un invasor suelen darse mayormente cuando el ocupante se ha hecho con el control de los medios de producción y de las riquezas del país ocupado, beneficiándose de ellas y relegando a la población autóctona a un triste papel de segundón, si es que llega a tanto. Este factor ha solido ser el que ha generado el mar de fondo necesario para que, después y sólo después, se haya levantado en el ánimo popular la indignación propia del fervor nacional.

Porque creo ésto es por lo que creo también que la revuelta libia es distinta. De momento, es la primera que, a poco de haber comenzado, ha conseguido atraer la ansiosa atención de las principales potencias del planeta, que se han apresurado (todo lo que son capaces de apresurarse, hay que reconocerlo) a forjar una alianza y los intrumentos legales necesarios para iniciar una intervención armada. Al menos, de Irak han sacado en claro que es mejor dotarse de un mecanismo legal que les dé cobertura, aunque, total, para lo que sirve la diferencia...

El caso es que me llama la atención que, a diferencia de los países que previamente han venido experimentando sublevaciones populares, donde los tiranos han acabado huyendo en un plazo de tiempo relativamente corto, en Libia, tras un primer amago en el mismo sentido, las cosas cambian radicalmente. Habrá quien diga: "es que en Libia el Ejército no ha querido dar su brazo a torcer". A eso yo respondo: ¿y por qué no se ha plegado a las reivindicaciones populares? Investiguemos para ver si es que acaso no eran tan populares, en el sentido de que no eran defendidas tan radical y tan masivamente por la población.

Y si es eso, y además tenemos a Estados Unidos y a sus adláteres europeos atacando a Libia, pues tendremos elementos suficientes de juicio para saber que Libia es una dictadura, sí; que ojalá echen a Gaddafi, sí; pero que los que están queriendo hacerlo igual no son trigo limpio.

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