Reir cuando ellos lloran


Que en su despedida de 2010 el señor Ratzinger juzgue necesario mencionar expresamente la necesidad de "vigorizar las raíces cristianas" de España es un regalo que me alegra el alma y que le agradezco profundamente. Pocas veces alguien de tan encumbrada posición política regala al prójimo una dosis tal de ingenuidad, como ésta en que Ratzinger revela su disgusto porque las cosas le van mal aquí.

Ya sé que este 'ir mal' es muy relativo, porque, como opinan muchos, el PSOE le ha dado tantas concesiones innecesarias, desde dinero a prebendas, que no debería quejarse tanto el dirigente religioso católico. Pero a pesar de ello, me parece cierto que eso que él llama "raíces cristianas" sufre un elevado grado de deterioro y obsolescencia. Algo que me encanta, como me encanta el disgusto del personaje.

Es muy simple, sigan esta máxima y todo les irá bien en la vida: rían cuando Gerardo Díaz Ferrán y Ratzinger lloren; lloren cuando ellos rían.

Feliz año.

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