El cambio de situación hace diferente el alto el fuego de ETA

ETA ha hecho pública una nueva tregua. Según quien interprete el anuncio etarra, la cosa es el paso final hacia la desbandada (en el sentido literal: la disolución de una banda) o una trampa más de los sucios terroristas. Hay incluso quienes se quitan algunas engañosas pieles con las que pretendían cubrirse y se muestran como lo que realmente son: señores muy de derechas que si el terrorismo termina verán mermado su negocio; asociaciones que se supone deberían ser de carácter profesional, pero que hacen valoraciones políticas con todo el desparpajo del mundo.

Independientemente de las reacciones oficiales (todas ellas previsibles), lo que me parece más destacable del comunicado no forma parte, paradójicamente, del mismo. Tiene que ver más con el momento y la situación. Porque se trata del primer anuncio de una tregua que ETA hace con una parte significativa de su tradicional aliado, la izquierda abertzale, decididamente volcada -ésta, sí- hacia la construcción de un proceso de desarticulación del escenario de enfrentamiento armado que el Estado español y ETA (los dos) han protagonizado durante los últimos cuarenta o cincuenta años. En las últimas treguas se podia adivinar en la izquierda abertzale esa dirección, pero no existían tantas pruebas incontrovertibles de que ETA y ese sector no eran ya la misma cosa.

Los sectores de la antigua Batasuna que hace unos años apostaron por un alejamiento definitivo respecto a ETA y por la construcción de un nuevo marco en el cual intentar incluir a la organización terrorista, han dado pasos concretos no sólo respecto al Estado español, sino buscando la participación de instancias internacionales reconocidas. Han suscrito los Principios Mitchell, en una muestra concreta del alcance de sus intenciones y propósitos. Han hecho públicos comunicados en los que han mostrado su divergencia con ETA respecto al camino a seguir en estos tiempos. Han dicho, por activa y por pasiva, que la vía armada y el terrorismo no son los medios a utilizar. Lo único que no han hecho ha sido usar la palabra 'condena', en mi opinión en una acertada manera de decir a todo el mundo que lo que hacen lo hacen porque creen en ello y no porque un atajo de impresentables, desde políticos hasta jueces, pretenda chantajearles ilegítimamente con ello.

Y, sin embargo, todas estas actitudes y hechos concretos han sido sistemáticamente silenciados por los entornos políticos defensores de la actual conformación del Estado español. Y cuando no se han silenciado, ha sido para quitarles valor sobre ninguna base sólida, simplemente porque no interesaba dar la imagen de que, efectivamente, una parte muy importante del satanizado y difuminado 'entorno de ETA' estaba cambiando a marchas forzadas en la dirección correcta y estaba buscando apoyos para realizar una tarea muy dificil: decirle a sus amigos, que tienen una pistola en la mano y costumbre de usarla incluso con sus propios colegas cuando dudan de ellos, que deben dejar esas armas y buscar otra manera de hacer las cosas.

Y sin embargo, este giro paulatino pero firme que la izquierda política abertzale lleva dando desde hace años es lo que verdaderamente le da al último comunicado de ETA un carácter distinto a los anteriores. Lo demás, los términos, los enunciados, las frases un tanto grandilocuentes del mismo, no se diferencian gran cosa de los anteriores. Siempre se puede buscar los tres pies al gato detrás de esta o aquella palabra o ausencia de la misma, pero en lo sustancial el discurso sigue siendo el mismo.

Pero ya no suena igual. Cuando ETA decía casi las mismas cosas hace cinco años, detrás de sus palabras uno veía poco más que oscuridad, una falta casi absoluta de luz que permitiera ver el final del túnel. Ahora, por el contrario, varios montoncitos de pequeñas llamas de cerilla oradan esa misma oscuridad y hace que algunos nos demos cuenta de que, ésta vez sí, algo que no nos gusta está llegando a su final.

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