La emoción de ver las cosas de cerca

No sabría decir si "sustituye a la experiencia de la obra en directo", como dice el director del Museo del Prado, o no consigue hacerlo. Lo que sí sé es que he probado a ver estas verdaderas maravillas con el ojo de Google y me he emocionado tanto como cuando las he visto en directo. Tomen ustedes el ejemplo de la obra del Prado que posiblemente más me emociona, el "Descendimiento" de Van der Weyden, y véanlo (se lo ruego) en directo, en el Prado mismo, a unos tres o cuatro metros de distancia. Es necesario para apreciar algo emblemático de la obra: las proporciones y la exquisita distribución espacial de las figuras, la armonía que el pintor imprimió a su ubicación, haciéndolas bailar una delicada y medidísima danza estructurada alrededor de un par de diagonales paralelas y una tercera contrapuesta en el sentido, pero igualmente matemática.

No son apreciaciones originales mías, las copio tal y como las recuerdo del comentario emocionado de un muralista mexicano a quien hace ya quince años acompañé a ver el cuadro, por expreso deseo suyo, y que fue comunicándome, con bastante éxito, los motivos de su emoción. Cuando te lo hacen ver ya no puedes dejar de verlo todas las demás veces.

Pero ahora, gracias a esta iniciativa pionera de Google y del Museo del Prado, puedo captar lo que de otra manera sería imposible: esas lágrimas sutiles que se intuyen más que se ven a distancia, pero que se revelan corpóreas, tangibles casi, con esta aproximación que la superfoto nos permite. Es la delicadeza de una veladura maestra, la técnica puesta al servicio de la pasión.

Si se trata de emoción, esto vale tanto como la experiencia en directo. Y se lo aseguro, es de emoción de lo que se trata.

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