Gaza: quiénes ganan y quiénes pierden

Mil y muchos muertos palestinos, decenas de miles de heridos de la misma nacionalidad, gran cantidad de casas e infraestructuras destrozadas... Ese balance no es la primera vez que se ha hecho al hablar de las consecuencias para los palestinos de una guerra -corta o larga- con Israel. Por el contrario, viene siendo monótonamente similar desde hace ya cincuenta años. Sin embargo, hay voces que ahora mismo, a raíz de la retirada del ejército israelí de la zona de Gaza, califican de derrota el resultado de esta guerra para Israel, lo que equivale a una victoria para Hamás.

¿Victoria? Es posible que así sea si nos quedamos en la organización islámica, pero no, desde luego, si extendemos nuestra mirada al conjunto de la población palestina de Gaza. Ni los casi desconocidos tribunos que El País busca últimamente para hablar de temas sobre los cuales no parecen tener más autoridad que la derivada de representar una corriente calificada de anti-islámica y dedicarse a escribir novelas; ni los veteranos y prestigiosos periodistas que acompañan incomprensiblemente a los anteriores, son capaces de ver más allá de la inevitable identificación de los palestinos con Hamás. Es Israel quien pierde, luego es Hamás quien gana... luego son los palestinos quienes ganan, según parece deducirse del silogismo.

Pero no es así. Es verdad que el estado de Israel parece no haber alcanzado unos objetivos militares ya de por sí difusos, que parecían prudentemente proclamados con el fin de no tener que reconocer después derrota alguna. Si ésta o la victoria se miden en función del grado de cumplimiento de los objetivos reales (declarados o no), hay que decir que Israel no ha ganado. El principal objetivo, que era el desalojo militar y político de Hamas de lo que ya se había convertido en su territorio, no se ha logrado. Incluso puede que en estos momentos el liderazgo político-religioso de esa organización sea más firme en Gaza que antes del comienzo de esta guerra.

Pero el conjunto de la población palestina se ha quedado sin hijos en una esquina, sin casa en la otra, sin padre o madre unos metros más allá... Se les ha quedado su tienda entre los escombros del bombardeo y no hay banco que les dé préstamo alguno. Si los técnicos de Standard & Poor se diesen un paseo por entre las ruinas, no encontrarían suelo hasta el que rebajar la calidad de la inexistente deuda pública palestina.

¿Qué importa si unos cuantos iluminados tienen en el sacrificio mortal la máxima garantía de inmortalidad? ¿Qué narices importa si unos cuantos, aunque sean muchos, salen a la calle fusil en mano para disparar al aire y hacer una nueva invocación a la violencia como catarsis ante toda una vida oyendo que son inferiores y no creyéndoselo? ¿Qué importa la mística de la sangre de Hamás y su ruin victoria política si no hay hijo a quien narrar tus hazañas, ni casa en la que descansar?

Estos comentaristas miran los acontecimientos como piezas de un rompecabezas y les asignan valores positivos de victoria, o negativos de derrota, en función de criterios macropolíticos de innegable relevancia, pero de palpable insuficiencia también. Porque religioso o no, islamista o judío, budista o cristiano, el ser humano tiene un límite en lo que a capacidad de no tener nada se refiere. Y a los palestinos de Gaza, como a los de otros lugares antes, les llevan dejando sin nada desde hace demasiados años. Es posible que durante un tiempo vivan todos en la euforia de una ilusión, la de haber derrotado al poderoso estado de Israel. Es posible que miren arrobados a Hamás como al artífice de tan gloriosa victoria. Pero a la vuelta de unos meses bajarán sus ojos a la tierra y seguirán viendo escombros.

Mientras tanto, la desolada Israel continuará contemplando las torres de sus ciudades prácticamente intactas y la calificación de su deuda sufrirá pocas fluctuaciones en lo que de Standard & Poor dependa. Los comerciantes tendrán sus tiendas y los empleados sus trabajos. Continuarán entrando todas las tardes en sus casas y se dirigirán a la ventana después de haber cogido una bien merecida cerveza fresca del frigorífico, para mirar hacia Gaza y hacer, otro día más, un gesto de hastío e impaciencia: "tiene pinta de que pronto van a tirar otro de esos cohetes. El día menos pensado va a haber que darles un escarmiento".

Hay victorias que más vale perderlas.

Comentarios

Antonio Rodriguez ha dicho que…
Cuanta insensatez hay en la mente de los dirigentes de Hamas. ¿Como es posible que con 1.400 muertos más los que aún queden bajo las ruinas y lo miles de heridos, puedan decir que han derrotado a Israel, se van a rearmar y van a seguir tirando cohetes?
El objetivo de Israel no era otro que tu última frase: "dar les un escarmiento" y lo han conseguido en victimas y en debastación.
Hay que estar loco para pensar que hoy Hamas puede ganar por las armas a Israel, son otros los medios para conseguir los objetivos y mientras eso no lo entienda Hamas, solo contribuirán a incrementar el sufrimiento de la población civil de Palestina.
Salud, República y Socialismo
Martín G. Ramis ha dicho que…
interesante, sí señor.

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