El relativo programa de un presidente negro

Continuando con la nada rigurosa caracterización que del nuevo presidente estadounidense estamos haciendo las y los editores de bitácoras políticas progresistas en este país, señalaré que cada día que pasa son más tornadizas las simpatías que inicialmente podía despertar Barak Obama entre el mencionado público. Si en un principio había una mayoría de blogueros que oscilaban entre quienes expresaban una resignada aceptación del candidato demócrata como un mal menor y quienes lo asumían con más franca alegría o incluso con razonada argumentación, ahora se van engrosando las filas de quienes le empiezan a sacar cada vez más aristas negativas, llegando incluso a denostarle abiertamente y tildarle de rata.

La razón de este progresivo deterioro de la imagen de Obama entre el limitado sector al que me refiero es el conocimiento que poco a poco se va teniendo de los planes y programas concretos del dirigente norteamericano, más allá de las declaraciones y discursos públicos.

No es algo que no se conociera de antes, ya que ese programa, expresamente relatado o implícitamente adivinable, existía desde hace muchos meses. El resumen que del mismo podríamos hacer es: "Sí, pero..." Rechaza tal cosa, aunque la acepta en algunos casos; reniega de tal sector, pero quiere conversar con él; no está dispuesto a esto, menos en algunos casos en que sí lo está... Destaco algunos datos extraidos de una crónica aparecida en el diario argentino Clarín hace medio año: Obama votó en un 76% de casos con los demócratas y en un 12% con los republicanos en asuntos de política exterior y seguridad, mientras que los porcentajes fueron del 87% y del 12%, respectivamente, en temas de política económica. Quiere más políticas de inversión públicas pero se ha declarado abiertamente en más de una ocasión admirador de Ronald Reagan y de su "revolución liberal". Está a favor de la pena de muerte, pero cree que se ha abusado de su uso; contra la marihuana, pero a favor de suavizar el castigo por su consumo; a favor de que se puedan comprar libremente armas, pero también a favor de limitar las automáticas y semiautomáticas. Negociará con la Autoridad Palestina, pero no hablará con Hamas (¿significa eso que el diálogo con la Autoridad Palestina se producirá siempre y cuando no la ostente Hamas, aunque este partido haya accedido al gobierno de manera democrática, como lo hizo la última vez?).

En definitiva, lo dicho: "sí, pero...". Un programa muy relativista, el suyo. Un programa con el que nadie puede sentirse seguro a priori. Quizás es lo que anduvo buscando siempre.

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