¡Por favor, que no echen al director del FMI por un escándalo sexual... !

Hay gente a la que uno desea que se la castigue de la manera que sea y con la excusa que venga mejor. En su época, fue famoso el caso de Al Capone, cazado por unos pertinaces policías que acabaron encontrando en el fraude fiscal una rendija por la que entrar en el cuasi sellado mundo del gangster. Sin embargo, hay otras personas a las que uno intuye que debe castigárseles por los crímenes que han cometido y no por un quítame allá esas pajas, por mucho que también sirva para llevar a la cárcel al individuo o individua en cuestión.

Un ejemplo emblemático fue el de Franco. Es cierto que una multitud brindó en este país (y en otros) con champán aquel 20 de noviembre, pero también lo es que a muchos nos amargó un tanto la celebración el hecho de que hubiese muerto en la cama y no en la trena o, en el caso de los más exaltados, ante un pelotón de fusilamiento.

¿Y el director general del FMI? ¿Debemos darnos por satisfechos porque este señor (totalmente intercambiable con cualquiera de los otros señores que han ocupado ese puesto en la historia del organismo) sea apartado de su cargo porque se sospecha que abusó de su posición para acercarse a una alta funcionaria y lograr de ella que mantuviese lo que piadosamente llaman un "romance amoroso"? Yo no me siento satisfecho. Es más, si la investigación al respecto desemboca en una condena y un apartamiento del cargo para Dominique Strauss-Kahn, me sentiré burlado.

No es ese el motivo por el que debería estar en la picota. Si le echan del FMI, pongo diez velas a la santa o santo que proceda para que no sea por eso.

Comentarios

Manuel Ortiz ha dicho que…
Bueno, con Franco pasó que celebramos su desaparición. Con este tipo, celebremos igualmente si lo largan. Luego, ya tendremos tiempo de seguir protestando. Que es lo nuestro, ¿no?: perros rabiosos que vamos rumiando nuestro rencor por las esquinas.

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