Y también está el caso de Francia, donde Sarkozy no tuvo problemas para atraer a su equipo gubernamental a destacados miembros del PSF: Bernard Kouchner fue nombrado ministro de Exteriores; Eric Besson, antiguo secretario de Finanzas del PSF, ha pasado a ser secretario de Estado de Prospectiva Económica (¡leches, vaya carguito!). Michel Rocard ya hacía más tiempo que se había fugado de las filas socialistas francesas para abrazar la más satisfactoria causa del liberalismo. Ahora, un ex-ministro socialista de Exteriores, Hubert Védrine, se descuelga con un informe sobre las necesidades de la política exterior francesa que no hay por dónde cogerlo.
Dice Védrine que Francia debe dejar a un lado el rechazo a la globalización y elaborar una política que agrupe ambién a los "anti" en un esfuerzo común para labrar el camino propio no contra la globalización, sino dentro de ella. Y apunta cuatro grandes directrices que deben seguirse para cambiar todo lo que hay que cambiar:
"(...) La adaptación a la globalización (que implica la liberalización económica, pero también la mejora del nivel educativo o el impulso a la formación científica); la protección frente a prácticas comerciales o financieras desleales, y en sectores estratégicos para la soberanía; la regulación de la mundialización, que debe afrontarse desde instituciones multilaterales pero también desde los propios Estados, y la solidaridad hacia las víctimas directas de los cambios."
Observen la última frase: tan claro tiene este señor que habrá muchas víctimas con estos cambios, que ya de antemano avisa que habría que plantearse la solidaridad con ellas. Habrá que ver a qué solidaridad se refiere. ¡Vaya individuo!
¿Qué pensará Solbes sobre esta política? ¿No tiemblan ustedes sólo de pensarlo?



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