Gente a la que no quisiera conocer

Esos cuerpos de maniquí. Impolutos, lampiños, encerados. Reflejos de neón en una piel de alabastro. Músculos perfilados con una máquina láser perfiladora de músculos. Gafas de sol insondables, ocultadoras. Ropa desesperadamente irreal, hirientemente tersa.

Fría como la madre que la parió.

Imposible descubrir aquí una emoción. Reprochable hacerlo, incluso. Es el país ideal donde no hay nada feo, nada funciona mal. Impensable, herético pensar siquiera en un mal olor.

Hay publicidades que intentan captar a la mayor cantidad de público posible, y para ello son concientemente ambiguas. Otras, en cambio, como ésta de Dolce & Gabbana, conocen perfectamente el público que quieren y lo aman. Es el tipo de público que a mí no me gustaría ni siquiera conocer.

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