Godot debería venir ya

Está el personal muy mosqueado con el PNV porque el lema de su convocatoria de manifestación para el próximo 13 de enero es "por la paz y por el diálogo". Anda todo el mundo recordando a los nacionalistas moderados que tras el atentado de ETA no cabe diálogo alguno, y yo creo que, efectivamente, no es el momento de pensar en ello.

Sin embargo, y aunque sólo sea como un ejercicio de futuro, deberíamos preguntarnos, a la luz del atentado de Barajas y de las extrañas reacciones que ha suscitado, con quién se podía haber llegado a una situación de diálogo. No con ETA como tal, que ha demostrado no tener la capacidad de entender qué reglas no pueden ser rotas, ni siquiera por una organización armada y terrorista, si quiere avanzar en una negociación cualquiera. Pero sí, quizás, con el eternamente esperado sector rupturista con ETA.

Es precisamente el sector que, contra toda la experiencia anterior, está mudo, huérfano de declaraciones de una mínima coherencia. Da toda la sensación, como en su día barruntaba Romenauer, de que se les ha cortado una vía en la que depositaban muchas esperanzas y ven, por un lado, la imposibilidad de reconstruir los puentes rotos, y, por otro, la absoluta inexistencia de otros alternativos.

Yo aventuro más: hay, desde hace al menos dos años, un sector cuantitativa y cualitativamente (más esto último) importante del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco que ha optado por dar pasos en dirección a la normalización democrática de su participación política. Ese sector ha lanzado señales todo lo intensas que es posible en gente metida tan hasta las cejas en ese entramado (recuerden a Yoyes), para dar a conocer su determinación.

Creo que el gobierno del PSOE ha recogido esas señales y les ha dado curso por dos motivos: porque le interesaba apuntarse el gran tanto político de romper el "frente terrorista" y porque realmente vio una oportunidad de avanzar en la normalización democrática en Euskadi.

Creo también que la opción de ese sector reviste más importancia de la que aparenta, porque se trataría de la primera ruptura en el mundillo etarra que se produjese con un diálogo, acuerdo, negociación o la categoría que se quiera, con representantes del Estado español.

Se trata de una baza de muchos quilates, y puedo comprender que para lograr sacarla adelante se esté dispuesto a apostar mucho. Sin embargo, hoy por hoy estoy convencido de que la pelota no está en el tejado del gobierno de Zapatero (y no es el momento de que éste permita pensar que sí lo está), sino en el del sector rupturista con ETA.

De ellos y de su valor e iniciativa política depende que no se les siga esperando como a Godot, eternamente.

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