Un tema polémico

Leo en la bitácora de Manuel Rico una nota sobre un tema ciertamente un poco pasado, pero puesto otra vez sobre el tapete (y las que lo estará con el tiempo). Se trata de la legislación contra la violencia de género, a raíz de unas declaraciones de la juez Sanahuja escandalizándose de la cantidad de hombres que están siendo detenidos por esta legislación y porque muchos de ellos son víctimas inocentes. Sobre esto tengo una opinión políticamente incorrecta, y me coloca aún más contra las cuerdas el hecho de ser varón.

Verán ustedes, me parece de perlas que se persigan las agresiones físicas, dentro y fuera de la pareja. Dentro de la pareja, la agresión tiene una particularidad y es que es más fácil de realizar y más difícil de denunciar, porque muchas veces no se ve.

Me parece fatal que un elemento fundamental del tinglado jurídico constitucional español, como es la presunción de inocencia, se ponga en entredicho (eso, como mínimo) en favor de una acción ejemplarizante.

La violencia de género es un problema personal de cada agredido/a, pero también y fundamentalmente es un problema político y cultural (elijan el orden que prefieran). Y los problemas culturales y políticos no se solucionan con leyes, sino con educación planificada y cohesión social que modifique el pasotismo y el mirar para otro lado que vamos desarrollando todos cada vez más. La ley busca corregir, compensar, como queramos decirlo, pero no soluciona el problema de raíz.

Cada persona, hombre o mujer, que esté siendo perjudicada en mayor o menor medida por esta ley (en cualquier caso, en gran medida, porque la resaca de estas cosas suelen romper la vida de cualquiera) será una injusticia que se acumula en el conjunto de la sociedad. De esa forma, cuando nos hayamos acostumbrado a convivir con la injusticia, no habrá límites para lo que estemos dispuestos a aceptar, o incluso a promover.

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