Salir del letargo

Con un poco de retraso, a causa de los excesos propios de las fechas, me paro a pensar en la significativa portada de El País del domingo. Se hacen eco los muchachos de Polanco del decisivo paso al frente que, en apariencia al menos, ha decidido dar Rodríguez Zapatero, reclamando en cada ministerio medidas de choque que calen hondo en la sociedad. Parece que los tercos resultados de las encuestas del CIS revelándole la progresiva caída de la ventaja sobre el PP, ha hecho que el presidente ponga coto a la política de hacer y no decir que hacemos.

Es evidente: la importancia de la comunicación es conocida desde hace mucho tiempo, pero el Gobierno del PSOE no parecía estar al corriente de ello. Es significativo que la legislatura en la que más iniciativas políticas de fondo se han llevado a cabo (muchas de ellas, en pleno desarrollo), parece ser aquella que menos marca está dejando en la población.

El problema, una vez más, está en la diferencia intrínseca más importante entre la izquierda y la derecha: la izquierda, para revertir las tendencias negativas para sus objetivos, necesita, antes o después, la movilización. La derecha, no. Sin embargo, lo ocurrido desde el 12 de marzo de 2004 hasta la fecha va en sentido exactamente opuesto en ambos vectores: la derecha se moviliza, y la izquierda, ná de ná.

Y es que hay una especie de acogotamiento de quienes podrían estar dispuestos a participar en algunas movilizaciones, en la forma que fuese oportuno. Se debe a que hay demasiado envites sobre la mesa: la financiación de la Iglesia católica, la educación laica, la remodelación del Estado de las Autonomías, la negociación con ETA, la política internacional, el pulso con las eléctricas...

Con lo escasas que son las estructuras con capacidad de movilización social en sentido progresista, ponerles la tarea de tener que elegir entre tanto tema, entre tanto desafío derechoso, es mala política. No pueden.

Hay que elegir las peleas que más sensibilizan a la opinión pública, las que más fácilmente pueden arrastrar a las gentes de izquierda a expresarse, en la calle o en los foros que sean pertinentes, y dar así respuesta a esa sensación agobiante de que los de derechas son más, muchos más, porque todo el día se lo pasan con la boca abierta.

No es verdad que "vayamos ganando" por el hecho de que el gobierno esté en manos del PSOE. Ganar o perder será algo que, en algunos casos, podrá verse en las próximas elecciones; y, en otros, sólo podrá verse más adelante, mucho más, a años vista. Ese futuro es el que no hay que hipotecar ahora adoptando una actitud de verlas venir. Cuando hay fuerza suficiente para superarlos, hay que salir a enfrentarse a los problemas y no permitir que lleguen hasta nosotros en carrera y con el brazo ya levantado para el golpe.

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