¿Quién gana con Chávez?

Una pregunta difícil de contestar. Chávez representa la continuidad, con todas las peculiaridades que se quiera, de un fenómeno político muy conocido en América Latina: el populismo. Sus características más relevantes son la existencia de un discurso radical y proclive a los gustos e intereses de las capas más pobres de la sociedad; y una política tendente a satisfacer los intereses de las capas más ricas y de la élite política que asume el poder.

¿Quién ganó en Argentina durante la era Perón? Pues seguramente que si se le hubiera hecho esa pregunta a gente de aquel país en aquella época, las respuestas habrían cambiado dependiendo de si se producían al principio, en medio o al final de la misma. El movimiento montonero -que, dicho sea de paso, estaba mucho más organizado y tenía más largos alcances que el formado en torno a la figura de Hugo Chávez- sufrió esa misma divergencia de criterios en sus filas con el paso del tiempo, y a la dinámica Perón sí - Perón no, se impuso la dicotomía izquierda/derecha.

Y eso, simplemente, porque la gente fue variando su postura respecto al tinglado político que el peronismo le proponía. De la euforia y la pasión inicial, se fue pasando a la consideración más fría de la oferta política real de Perón y sus seguidores. Y la constatación de que esa oferta no cuadraba con el discurso pólítico en sus tintes más izquierdistas, llevó a mucha gente a desvincularse del peronismo y a buscar salidas en otros horizontes.

Chávez tiene ahora tras de sí a una mayoría -parece obvio, dados los resultados electorales, aceptados básicamente por el oponente, Rosales- y el que se inicia será ya el tercer periodo que asuma el gobierno de Venezuela. Hasta ahora, la oposición bastante violenta que ha sufrido por parte de la amalgama de sectores venezolanos y de fuera del país, no ha hecho más que fortalecer, con algún breve intervalo, su imagen ante las capas más desfavorecidas, colaborando en presenterle como el defensor de los pobres. Su retórica anti-imperialista ha reforzado esa imagen y la ha proyectado desde el país hacia la comunidad internacional.

Pero probablemente el dato más significativo es que Chávez ha ido desmantelando la infraestructura industrial venezolana (no excesivamente potente al margen de lo relacionado con el petróleo, todo sea dicho) y cada vez ha ido haciendo al país más dependiente del oro negro. Y eso, antes o después, se acabará presentando como una hipoteca con cuantiosos intereses, que sin duda no pagarán las clases más pudientes del país, ni la élite política. Para entonces, muchos desengañados se alejarán de la estrella refulgente de este militar visionario y comenzarán a buscar alternativas que defiendan sus intereses con menos palabras y más hechos.

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