Ofuscando el horizonte de lo trascendente

Lo ha manifestado Joseph Alois Ratzinger y nos lo ha traducido la agencia de noticias vaticanas Zenit: «el contexto cultural en el que vivimos, caracterizado con frecuencia por la indiferencia religiosa y el secularismo» (...) «ofusca el horizonte de lo trascendente». Dicho así, la verdad, no se saca demasiado en claro. La cosa se perfila mejor cuando sabemos que se refiere a lo poco que, por lo visto, va la gente a misa. Tanto es así, que este señor que he dicho antes ve la necesidad de enviar una circular a sus cardenales, obispos y todo eso, con el fin de conminarles a tener una actitud más belicosa con el asunto: "Es urgente subrayar la sacralidad del día del Señor y la necesidad de participar en la misa dominical".

Tanta es la preocupación, que los católicos organizaron el pasado 1 de diciembre un congreso al que, en su más puro estilo plagado de referencias modernistas, titularon "La misa dominical para la santificación del pueblo cristiano". En este congreso, el cardenal Francis Arinze, a quien Ratzinger se había dirigido muy especialmente (igual es que tenía su patio más desorganizado que otros en esto de que le vayan a misa), se apresuró a analizar el problema y a "desenmascarar la idea negativa del «fin de semana», entendido como tiempo libre del trabajo que hace de la fiesta un día como otro".

¡¡Válgame Dios, y nunca mejor dicho!! ¿De modo que lo del fin de semana es una "idea negativa"? ¿Negativa, dice? ¿Y este señor, que si alguna vez trabajó debe de haberse olvidado de ello, se atreve a soltarle al personal (aunque sea al de su cuerda) semejante soplapollez?

Y Ratzinger no le va a la zaga. Puesto en plan gracioso, nos premia con el recordatorio de unos tales mártires de Abitinia (sic) a quienes, por lo visto, se pasaron por la piedra unos impíos. Y van estos tíos (los mártires) y de la que los van a apiolar, largan un parlamento tal que así: "Sine dominico non possumus". Cortito y tal. Y dice Ratzinger que eso quería decir "Sin reunirnos el domingo para celebrar la Eucaristía no podemos vivir". ¡¡Vaya traducción!! ¡Pero si se ve a las claras que es justo lo contrario: "Sin domingo no somos nada" O sea, que necesitaban el domingo como el agua. Y no hablaban del sábado porque ya se había inventado, pero no rulaba como ahora y no se libraba.

¿Que no?

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