Ríanse de la involución derechista de Aznar

Ríanse, ríanse. Creíamos que Aznar era el sumum en materia de personificación de la involución derechista (junto al jovencito George Bush, claro) y miren ustedes por dónde me compro la última novela del fabricador de best-sellers conocido como Michel Crichton (que se titula nada menos que "Estado de miedo" en español) y me quedo boquiabierto.

Este buen señor, que empezó bastante bien con "La amenaza de Andrómeda" (buen thriller, ritmo bien mantenido, los contenidos científicos dosificados y contrastados correctamente... que marcó estilo, vaya) y alcanzó a escribir no menos de otras dos o tres novelas muy dignas, comenzó a deslizarse por la pendiente, muy propia de ese género literario (el de los best-sellers, que es un género literario en sí, independientemente del tema sobre el que traten) de la escritura a plazo vencido: ha pasado un año desde la última novela, los de la competencia ya han editado otra novela de Fulanito, así que te toca...

"Estado de miedo" es una novela con un planteamiento repugnante, que sirve como espejo en el que mirarse todos cuantos ansían sacar a pasear sus opiniones ultras sin complejos. El asunto, en resumen, es como sigue: unos eco-terroristas (término que no sé si ha acuñado el buen señor, o ya viene avalado por tal o cual agencia norteamericana) deciden montar un gori de la hostia, con intensificación del aparato eléctrico de las tormentas, crecidas de ríos y otros archiperris incluidos, con el fin de que los medios de comunicación mundiales saquen a troche y moche entrevistas y noticias relacionadas con el cambio climático. Todo ello única y exclusivamente para beneficio de unas cuantas fundaciones y ongs dedicadas a la ecología, de ésas que alimentan una nómina impresionante de burócratas.

Los que hasta ahora venían siendo mayormente los malos (la Industria, con mayúscula; las agencias secretas norteamericanas, etc,) se convierten en los buenos en un pis pas, porque se ocupan de perseguir a esos eco-terroristas, desbaratar sus turbios planes y, de paso, "demostrar" que lo del cambio climático y el calentamiento global es un cuento chino, porque resulta que todas las informaciones verdaderamente fiables lo que hacen es demostrar lo contrario: las temperaturas bajan y los glaciares cada vez se enfrían más.

Nunca he sido un ecologista empedernido, y lo más gordo por lo que logro preocuparme es la falta de agua y la desertización de mi entorno cercano. No conozco, por tanto, cuál es la realidad del cambio climático. Probablemente sea cierto que haya tantos datos a favor como en contra, porque necesariamente la información sobre fenómenos tan complejos ha de ser contradictoria. Pero sí sé que escribirse una novela de casi doscientas páginas para limitarse a dibujar los personajes de los buenos y los malos de la misma forma que lo hizo el cine norteamericano más servil con el poder en los años cincuenta y sesenta, es revivir el peor pasado posible y ponerlo sobre la mesa como si fuera algo nuevo, con todo el aroma atractivo de las cosas recién llegadas.

Nosotros ocupándonos de lo nefastos que pueden resultar los mensajes de los políticos y resulta que este señor va a meter en el coco de millones de lectores unas ideas sin argumento real que las sostenga, pero que harán daño, mucho daño.

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