La soberbia del poder

De una tacada, la iglesia Católica ha sido protagonista en los últimos días de, como mínimo, tres actos que por sí solos ponen de manifiesto la inmensa hipocresía de los mandamases de esta confesión religiosa y su soberbia sin límites.

El primero (sin implicar jerarquía alguna) es la declaración del portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino (¿camino... camino? ¿de qué me suena esto de camino?) en el sentido de que los jueces no deberían meterse a juzgar a los dignatarios de la Iglesia. No especificó, pero es de suponer que se refería a su iglesia, a la católica, que para eso es la única verdadera. Y para aquellos que crean que se refería a no juzgarles moralmente o algo así, se equivocan: estaba refiriéndose al cerco judicial que, hasta el momento, parece ir cerrándose más cada vez en torno al arzobispo de Granada, a quien un sacerdote ha acusado de acoso moral, injurias y coacciones, entre otras cosas. Fíjense ustedes, que igual puede acabar condenado y todo.

El segundo acto tiene que ver con un colegio público de Zaragoza, el "Hilarión Gimeno", cuyo consejo escolar decidió suprimir la fiesta de Navidad organizada otros años. El mismo Martínez Camino del párrafo anterior ha declarado al respecto que es "artificial y ridículo negar la Navidad", a pesar de que el colegio ha anunciado que en las diferentes aulas sí se cantarán, como otros años, los tradicionales villancicos, que el colegio estará adornado al uso y demás. Vamos, que no basta con hincar una rodilla, hay que hincar las dos y golpearse el pecho. La panoplia completa o nada. Santiago y cierra España. Más vale honra sin barcos...

Para el tercer acto damos un salto hasta Canarias, donde una profesora de Religión en un colegio religioso (católico, claro) ha sido despedida... ¡¡¡por sexta vez!!!, después de que en las cinco veces anteriores los jueces no sólo le dieran la razón, sino que obligaran al colegio a readmitirla y advirtiera a sus gestores de que su actitud era anticonstitucional. El motivo del primer despido fue participar en una huelga legal de profesores de religión en 1999, realizada para reclamar una mejora en sus condiciones laborales. El motivo de los siguentes despidos es que a los gestores católicos se la suda lo que los jueces digan.

Eso es soberbia.

Cuando el portavoz Martínez Camino tilda de "ridícula y artificial" la actitud de no celebrar una fiesta de Navidad en un colegio público, lo hace argumentando lo siguiente: "que el Estado sea aconfesional no quiere decir que la sociedad sea aconfesional". Y se queda (supongo) tan ancho.

Pero vamos a ver: ¿quién habla aquí de la sociedad? La sociedad será lo que quiera, pero el colegio público es propiedad y responsabilidad del Estado, o de la rama institucional del Estado que en este caso procede, que es la Comunidad Autónoma de Aragón. Así que, siendo el Estado un ente laico en España, no sólo es correcto, sino muy corto de miras el atrevimiento de los gestores del Hilarión Gimeno. En buena lógica deberían quedar desterrados cualesquiera festejos de trasfondo religioso, y ya está. Y sin embargo, a pesar de ese carácter laico, el botarate éste de Martínez Camino va y dice que mostrar ese laicismo es artificial y ridículo. ¡Cacho tonto!

Sobre los otros dos actos, se comentan solos y no merece la pena engordar esta nota.

Soberbia que les sale por los poros. Pero también soberbia herida, porque se sienten (no del todo justificadamente, todo hay que decirlo) acosados políticamente, después de toda una Historia en el pináculo del poder, con influencia y mando no sólo sobre los pobres mortales, sino sobre los reyes y emperadores por ellos mismos investidos.

Ya digo: creo que no está del todo justificada su sensación de perseguidos. Pero, aunque sólo sea por la dulce sensación de que se les está dando caña, hay que agradecerle al PP su estulticia al manejar la información sobre el atentado del 11-M.

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