La poca magia de la Caja

Con ese nombre uno esperaría ver salir de allí auténticas maravillas, una muestra de la magia que anuncia el nombre. A falta de conejos de tan superlativo tamaño, me gustaría ver aparecer un gigantesco cheque con una cifra astronómica de nuevos puestos de trabajo escrita en el lugar correspondiente. O una lluvia inmoderada de recursos con los que derribar la ofensiva del gobierno de Esperanza Aguirre para deteriorar la calidad de la enseñanza pública y dar así ventaja a la privada. O un carro lleno de médicos, anestesistas, enfermeros, técnicos y personal auxiliar con los que hacer funcionar unos hospitales a los que dentro de poco empezarán a salirle la caspa de la mala construcción y que ya ahora mueren de inactividad por falta de personal, con las colas enormes de enfermos a sus puertas.
Cosas auténticamente mágicas, cosas que no ocurrirán, pero con las que puede uno soñar porque soñar es gratis. Y no nos cuesta, por tanto, una cifra tan elevada como esos 160 millones de euros que servirán -ya han comenzado a servir- para que políticos de uno y otro signo, corporativizados en aras de la sacrosanta nominación olímpica, puedan disfrutar de su momento dulce, el de la foto. Y desde luego, tratándose de Esperanza Aguirre, no duden que el invento se inaugurará las veces que haga falta, unas con Rafa Nadal saludando efusivamente a Aguirre; otras, con la señora duquesa -o lo que sea- flirteando con la raqueta de un famoso.
Pero mucho me temo que en lugar de tan entrañable magia, lo que de allí saldrá será el surrealista mirar de un lado a otro de unos miles de personas y su inefable "¡Oooooh!" cada poco tiempo, acompañados por un machacón ruido de golpear de pelota y una gruñidos entre agónicos y sensuales de los números uno del mundo mundial.
Y la sonrisa acartonada y maliciosa de una mujer que en su día decidió enriquecerse más aún con la política y que no se ha detenido ni piensa detenerse nunca ante nada para conseguirlo. Que ahora no me acuerdo de su nombre, ya me perdonarán ustedes.
Comentarios