Las extrañas razones de la alegría

En plena crisis galopante hace-unos-meses-no-pero-ahora-sí-existente, con la espada de la posible pérdida del trabajo pendiendo siempre sobre el cuello, con un futuro, en definitiva, no muy halagüeño, hoy he ido a fotografiar a los animales que han entrado durante la última semana en el Centro de Recogida de Animales Los Cantiles, de Rivas, y me he enterado de la estupenda noticia de que Barbas, el decano de todos los animales que allí aguardaban a ser adoptados, por fin ha encontrado casa a la que irse.
Y no se lo querrán creer, pero he llegado a saltar de la alegría. Yo y las tres personas del Centro que me lo han dicho y que estaban igual de contentos, o más. Por blandito que suene, casi se me saltan las lágrimas ahora, nada más que de contarlo. Espero que Yago y Sputnik, que son los siguientes con más guardias en esa garita, tengan también suerte y encuentren un hogar.
Somos dificiles de entender, sí, pero alguna explicación han de tener estas cosas. Y me encantaría conocerla, porque uno está acostumbrado a argumentar todo (hasta el crecimieto del cebollino, que dice mi ex) y que haya algo que no entiendo y, en consecuencia no puedo argumentar, me produce una desazón insoportable.
Menos mal que puede más la alegría. Felices vacaciones.
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