Los jueces más humanos

Y eso me pasma, porque ¿desde cuándo se preocupa un juez de lo que pueda opinar la calle? La calle es un elemento de este mundo, del mundo de los ciudadanos normales y corrientes que a lo más que pueden haber llegado en su vida es a un triste doctorado en medicina o a una vulgar ingeniería, cuando no a una maestría industrial, que se decía antes, o a una FP en fontanería o electricidad. Cosas sin mérito alguno y que nos coloca a todos (incluido Botín, pongamos por caso) en un mismo plano respecto a quienes, tocados por Dios, adquieren inmediatamente de ese contacto una cualidad sobrenatural, cual es la de impartir justicia. Pues, ¿no fue Salomón, tan tocado por Dios (con perdón), quien dictó aquella emblemática y algo tramposilla sentencia respecto al bebé reclamado por dos mujeres?
De ahí el pasmo. De ahí la admiración por la mudanza que en tan excelsas personas puede provocar la preocupación por la evidente desidia de un Gobierno que, a diferencia de los anteriores, ha dejado la administración de Justicia de la mano de Dios (¡otra vez Dios, vaya por Dios!). A partir de ahora, serán las y los jueces personas más terrenales, más próximas, y a consecuencia de ello tendrán una mayor tendencia a ver los matices de la conducta de los demás. No les guiará únicamente el rigor de la interpretación jurídica, como ocurre ahora, sino que sus corazones, tocados no por Dios (que también), sino por la menudencia ajena, se abrirán más a la compasión.
Y como por ensalmo, comenzarán a dictar sentencias justas, una tras otra, maquinalmente, como quien hace churros. Y elevarán su ritmo de trabajo hasta límites inconcebibles (quizás pueda llegarse a dos o tres casos diarios, no crean), acompañados por el escuderil seguimiento que de su nuevo devenir harán los secretarios de juzgado, olvidados ya de los cafés multi-horario y del instructivo intercambio de opiniones sobre eventos deportivos. Será el Reino de la Justicia, tan deseado y tan necesario.
Y lo harán en las mismas infrahumanas condiciones en que se desenvuelven ahora, lo que dirá mucho en favor del tocamiento divino de los corazones y de la sin par incidencia de las huelgas en la terrenalización de tan divina profesión como es la de juez.
Hágase.
Comentarios
Pues para que usted nos diga eso, no hace falta tanta perorata.
Ademas, se le olvida algo, estos individuos cobran como poco 6.000 euritos al mes, y en su ilegal huelga reclaman un poquito mas.
¿Y esto es el cuarto poder?, pues apañados vamos.
Un abrazo
La ley es la ley, pero aquellos que tienen que dictar sentencias son una panda de desgraciados chupasangres que encima de no trabajar ahora pretenden que la calle les ría la gracia.
A trabajar, coño, que ya está bien de cuentos.
Ôo-~
Salud