No pienso reciclar nada

No quiero reciclar y voy a dejar de hacerlo con las pocas cosas que lo hago.
Como soy consciente de que la afirmación requiere una explicación, vamos con ella. Soy consciente de la necesidad de frenar el abuso consumista que caracteriza, de manera creciente, a las sociedades llamadas desarrolladas del planeta. Lo soy también respecto a las bondades morales de esa contención en el despilfarro, por cuanto nos hará más capaces de valorar las cosas por su cualidad y no tanto por su cantidad. Me sitúo entre quienes querrían poder volver -aun sabiendo que ya no será posible- a la relativamente idílica Naturaleza que aún alcancé a conocer en mi juventud. Pero soy no sólo reacio, sino decididamente opositor a consentir que de manera tan descarada e impresentable como se pretende desde instancias oficiales, se cargue sobre mí, en la parte que me toca, la responsabilidad y el coste de reciclar.
La industria no recibe ninguna cortapisa a la hora de envolver sus productos en cada vez mayor número de capas de productos plásticos, en envoltorios cada vez más rígidos, más grandes, más copiosos. Como muestra, vean la foto, en la que en primer plano aparece una tarjeta Compact Flash que compré recientemente. Todo lo quela rodea son los envoltorios que lleva... Es ridículo. La industria actualmente existente ha contaminado y sigue contaminando el planeta hasta límites que los propios gobiernos admiten como inadmisible (¿paradójico? No, es lo habitual en ellos), pero no sólo no ven frenado radicalmente su modo de producción, sino que muchos gobiernos "compran derechos" de contaminación a países menos industrializados con el fin de pervertir las normas dictadas en Kyoto y así, descarnadamente, mentirse a sí mismos y mentirnos a los demás.
Soy conocedor del aforismo según el cual tirar piedras contra la industria es tirarlas contra el empleo y, por extensión, contra uno mismo. Pero, como pasa con tantos y tantos aforismos, es tramposo. Porque nadie ha demostrado que ésta sea la única manera de producir, ni que las cosas que se producen sean las únicas que podrían producirse y que generarían beneficios. Lo que ocurre es que los beneficios generables de otras maneras no siempre pueden valorarse en dinero contante y sonante, y, sobre todo, no siempre lo son para el bolsillo de un empresario o grupo de accionistas.
Pero yo estoy por una producción que atienda más a las necesidades sociales, aunque también pueda generar un beneficio privado. Entonces, ¿por qué habría de permitir que me cuelen tantos goles como constantemente me quieren colar?
La penúltima idea generada desde los pasillos del poder es la de ir preparando al personal para que prescinda de las bolsas de plástico de la compra, las que nos dan en el supermercado gratis (menos en los establecimientos Dia, que te las cobran). No me parece mal así, en frío, pero me subleva y rebela la forma de plantearlo: dejen ustedes de consumir estas bolsas y consuman otras que el comercio les cobrará. O sea, pague usted el paso de usar una bolsa que otros establecieron como estandar, a otra que será la nueva norma y que seguramente dentro de unos años alguien nos dirá que tampoco vale y que tenemos que pagar su sustitución por redes de malla como las que usaba mi madre.
Pues no. Que les den por culo. Mientras pueda evitarlo no usaré ningún producto por el que tenga que pagar. Que lo pague Rita. Ya había dejado de separar la basura (cosa que pienso seguir no-haciendo, y muy contento de ello, hasta que no vea que los artículos en el super rebajan sustancialmente su aparatoso envoltorio) y ahora me dedicaré a consumir como habitualmente venía haciendo estas bolsas, estos nuevos símbolos de un trágala permanente contra el que me rebelo y me rebelo.
Comentarios
Ahora bien, lo de dejar de reciclar espero que sea un recurso literario o una forma de provocar el debate, porque realmente necesitamos evitar el derroche de materias primas. Yo así lo creo en lo más profundo.
Por supuesto, lo que hace falta es seguir pidiendo una mayor implicación de los poderes públicos para forzar a las industrias a eliminar residuos. Pero creo que una cosa no quita la otra.
(Enhorabuena por tu blog, que sigo atentamente casi a diario).
En todo caso, estoy de acuerdo en que desde arriba nos quieren hacer a nosotros culpables por no reciclar, cuando los que se están cargando el planeta son la grandes empresas e industrias, con el consentimiento de los gobiernos.
Algo tiene, efectivamente, de recurso, porque observo que, a pesar del cabreo, sigo separando el cartón y el papel. Pero también es verdad que el cabreo es genuino y no inventado, y que los cabreos es lo que tienen, que si aumentan más allá de cierto límite, producen consecuencias a veces indeseadas. Si fuera sólo mi caso, no tendría mucha trascendencia, pero me temo que este cabreo vaya saliéndole a cada vez más gente.
Un saludo.