Un piso para toda la vida

Hoy, recién cumplidos los 116 años, esta mujer residente en Sevilla habrá sabido que el ayuntamiento de la localidad le va a ceder un piso. Poco sabrá, quizás, de los matices, del carácter provisional de la vivienda, de su terrible temporalidad. Después de 116 años, quizás no consiga agotar los seis meses de su primer periodo provisional en él. Seis meses, seis míseros meses para quien ha vivido ya mil trescientos noventa y dos.
Nadie puede saber cómo afectará a una anciana de la edad de María el hecho de atravesar la puerta de lo que puede que crea que es su piso. No sería raro que la emoción, si es que tiene aún fuerzas para emocionarse, le cueste un fallo del corazón, porque ver cumplida su mayor ilusión habiendo tenido que vivir ciento dieciséis años para ello, curte a cualquiera.
¡Salud, María, con todo el corazón y sin ironía! Salud para traspasar por tu propio pie la puerta de ese piso que te van a dar, probablemente para toda la vida.
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Lamentable.