En torno a una caja de galletas

El motivo por el que saco esta caja aquí es que precisamente he advertido la curiosidad hoy, 6 de diciembre, aniversario de la Constitución de 1978, que consagró un sistema político de los que en tiempos llamábamos (creo que con bastante corrección) democrático capitalista o democrático burgués, pero que también dejó firmemente establecida la conservación de lo fundamental que la Segunda República (último régimen legal y legítimo hasta éste en el que desde 1978 vivimos en España) había superado: la Monarquía. Incluyendo sus enseñas y símbolos, y, obviamente, la figura del rey y su bandera.
Esto, que no es de mi agrado ni del agrado de mucha gente que, sin embargo, defiende esta Constitución, ha sido puesto en entredicho por la vía de los hechos en varias ocasiones por parte de organismos o instituciones extranjeras. Recuerden, no hace tanto tiempo, aquel partido internacional amistoso de selecciones, de fútbol o de lo que fuese, en que la banda que interpretaba los himnos nacionales de ambas, atacó los compases del Himno de Riego, ante el descoloque generalizado de los jugadores y representantes federativos y políticos españoles. Esta caja de galletas es otro ejemplo, si bien más humilde y discreto, de lo mismo.
Ante la contemplación de esta etiqueta que aquí pueden ver caben, creo yo, dos posturas: la indignada porque haya quien falte al respeto a nuestro Estado, desconociendo tan clamorosamente sus símbolos oficiales (e independientemente de que se esté a favor o en contra de la República); y la regocijada porque haya desde fuera una puesta en cuestión fáctica de la legitimidad monárquica.
Curiosamente, yo me cuento entre los primeros porque no creo en absoluto en que la bandera republicana reproducida aquí sea un guiño político a nada ni a nadie (en cuyo caso, sí lo saludaría alegremente). Creo que es un simple desprecio, evidenciado por la despreocupada ignorancia que muestra, hacia un Estado que alberga tanto a quienes forjaron su peor historia y de lo peor de la historia de la humanidad, como a quienes ayudaron a escribir y escribieron ellos y ellas mismas páginas que se cuentan entre las mejores y más memorables.
Aun sin ser republicano, siempre reconoceré las virtudes y ventajas de ese sistema político sobre el monárquico. Pero también creeré siempre que las muestras de simpatía deben exponerse de manera que no impliquen desprecio o descortesía alguna. Es cuestión de formas, lo sé, pero es que las formas son importantes, o si no, no estaríamos discutiendo tanto por una bandera.
Comentarios
Lo peor fue que los jugadores españoles se creyeron que era el himno de los checos y lo mejor es que, como eran muy educados ellos, lo escucharon en posición de firmes. ¡Franco debió de revolverse en su butaca!
Si celebrara la Navidad, le enviaría una caja de éstas
(¡¡Blogger no admite la URL de mi blog!!)
Yo también habría apuntado lo mismo que Maripuchi pues desconocía la anécdota que recuerda Freia. Caray, 1967, el año que nací.
Un abrazo
Un saludo a todos/as.
Me parece lógica tu manera de pensar, compañero... es pura ignorancia sin ningun guiño a nada, simplemente ignorancia
Un saludo
Muchas gracias por el recuerdo, me siento halagado viniendo de quien viene.
un saludo a todos/as y feliz año.