
Me sorprende ver mis manos. A despecho de mi proverbial despreocupación por las cuestiones relacionadas con la edad, mis manos me enseñan, con aplomo absoluto, sin gritos ni alharacas, cómo son las cosas. Pero yo no sabría decir qué veo en ellas así, al pronto: ¿caricias, golpes, arañazos, dolor...? ¿Arrugas, simplemente? Sé que son manos grandes con dedos largos, ásperas pero carnosas. No sabría decir qué sienten aquellas personas a quienes acaricio con estas manos.
Como estamos en verano y me siento optimista, voy a decir algo de mis manos que querría que ellas expresasen: compromiso. ¿Qué piensan ustedes de las suyas?
Comentarios
No me gustan especialmente. Tampoco las cambiaría por las de nadie: son las mías.
Trabajo, acaricio y doy amor a mi familia, amigos...
Las manos cuentan la historia de su dueño, a poco que te fijes.
Y, la verdad, cuando pienso que las tengo en medio de una conversación no sé qué hacer con ellas.
Si yo fuera psicoanalista podría sacar conclusiones horribles, pero me quité de ello.
Siga vd. optimista, don AF, que de vez en cuando es buena cosa.
Yo tengo manos de esas que dicen de pianista pero no me pongas un piano delante porque lo único que sé hacer con él es aporrearlo.
Un abrazo
Cuando era más joven me fijaba mucho en las manos de la gente. Ahora prefiero mirar a los ojos.
Que siga usted descansando, Don Antonio.