Poder mulato

He de reconocer que la única vez en mi vida en que, en contra de mis acendradas y discretas costumbres, volví sin querer la cabeza al pasar al lado de una mujer, fue mi primer día en La Habana, en el paseo marítimo de la ciudad. Se trataba no de una, sino de tres mulatas de físico absolutamente impresionante y, a mis treinta añitos, jamás había contemplado yo una belleza semejante (digámoslo de manera tan contenida). Con mucho menos conocimiento y criterio, tengo entendido que iguales alabanzas pueden hacerse del elemento masculino mulato.
Soy, por lo tanto, consciente del poder de atracción de esos cuerpos de otra galaxia que pueblan la isla. Ahora bien, de ahí a pensar que la plantilla casi al completo que Iglesia Católica, S.A. mantiene en Cuba fuese a sucumbir a los encantos de la población sexualmente activa, media un abismo.
Y sin embargo, ¿qué otra cosa puede sobreentenderse en esta llamada de atención que los obispos cubanos (los directivos de la sucursal, podríamos decir) han echado a sus subordinados?
Vivir para ver.
Soy, por lo tanto, consciente del poder de atracción de esos cuerpos de otra galaxia que pueblan la isla. Ahora bien, de ahí a pensar que la plantilla casi al completo que Iglesia Católica, S.A. mantiene en Cuba fuese a sucumbir a los encantos de la población sexualmente activa, media un abismo.
Y sin embargo, ¿qué otra cosa puede sobreentenderse en esta llamada de atención que los obispos cubanos (los directivos de la sucursal, podríamos decir) han echado a sus subordinados?
Vivir para ver.
Comentarios
Así... qué humano se puede resistir a semejantes encantos, por mucha sotana que lleven algunos.