Lo imposible, posible

Tiempos de neuronas sobrealimentadas, estos que vivimos. Bombardeados por el frenesí informativo, no sólo dejamos de lado con rapidez aquello que sólo de pasada ha recorrido esas neuronas nuestras, sino que guardamos un confuso y breve recuerdo de ello.

Hace doce años inicié este blog y por entonces (2006) el intenso cruce de comentarios entre bloggers preocupados por la política tenía uno de sus focos de interés en la actividad de ETA. Releyendo entradas y comentarios a las mismas, me doy cuenta de que entonces había un debate sobre la posibilidad real de que la organización armada se disolviese, para bien de propios y extraños. Muchos de esos comentarios negaban tal posibilidad y atribuían a la banda un carácter inflexible que lo impedía. He de decir que ya en esa época algunos avisábamos de que, habiendo conocido a ETA en casi todas sus épocas, observábamos algunos tímidos indicios de que algo podía estar cambiando en su seno. La mayoría, insisto, nos achacaba un optimismo incluso peligroso.

Unos años después, en 2011, con los atentados terroristas produciéndose en Madrid para horror y espanto de todos, unos pocos también (menos, en esta ocasión) dijimos desde el principio que esos atentados no nos parecían obra de ETA. Quienes hemos tenido oportunidad de observar a esa organización veíamos signos inequívocos de que la autoría de los atentados en Atocha y otros lugares de la capital correspondía a otra gente, a otro terrorismo. El Gobierno de Aznar, por su parte, jugaba la carta de ETA apostando todo a ella en una actitud irresponsable que no sólo provocó la ira de buena parte de la población española después, cuando se vio que se trataba de una teoría falsa, sino que pudo poner en peligro el operativo de localización y neutralización de los autores de aquellos atentados. Y un creciente número de personas, a media que transcurrían las horas tras el primer impacto, iba comenzando a dudar, primero, y a quitar credibilidad, después, a aquella teoría gubernamental fabricada a toda prisa y con la espada de Damocles de la cita electoral amenazando al gobierno del PP.

Poco después de esos atentados, ETA anunció un alto el fuego verificable que llevó a la banda armada a silenciar las pistolas desde ese momento hasta la fecha. Hasta hoy mismo, 3 de mayo de 2018, ha habido siete años en los que ETA ha cumplido con ese alto el fuego y, más aún, ha permitido finalmente que las iniciativas de un sector de su entorno, cautamente activo desde hacía años, se orientaran a la construcción de un acuerdo de paz que implicase al gobierno español. Las iniciativas encontraron el eco debido en destacados mediadores internacionales, que se mostraron dispuestos a poner, y pusieron, sus buenos oficios al servicio de tal acuerdo. No ocurrió lo mismo con el gobierno, tanto ha dado si lo gestionaba el PSOE o el PP. Estos partidos, los llamados partidos del sistema con el alborozado apoyo de Ciudadanos más adelante, han defendido siempre una postura sólo justificable para quienes la paz es un bien alcanzable sólo gracias al sufrimiento de muchos, y no al acuerdo de todos.

Y hoy, ETA ha dejado de existir.

Su fin, anunciado en un comunicado leído por Josu Ternera, llega, en mi opinión, varias décadas tarde. Desde los primeros años de la década de los 80, con la actual constitución recién aprobada, la práctica totalidad de los partidos políticos, parlamentarios o no, reconocían por activa o por pasiva que la lucha armada no era un camino viable en el Estado que se iba conformando. No se trataba de que todos viésemos la democracia que se estaba instalando como un modelo aceptable, pero sí de que coincidíamos, unos por unas razones y otros, por otras, en que la lucha armada no era el camino.

En esas décadas de tardanza ETA cometió algunas de las mayores burradas conocidas en este país, con mención especial al atentado en Hipercor. Fue perdiendo paulatinamente apoyo, dentro y fuera del Estado español, y la consecuencia inevitable fue la progresiva dificultad para mantener su aparato militar al resguardo de la actuación policial. En los últimos años antes de su alto el fuego unilateral, ETA sólo era capaz de provocar un gran sufrimiento por medios, digámoslo así, muy caseros. Apenas había ya asomo de trascendencia política en sus actos, y sí un evidente recurso a la brutalidad como medio para aparentar una fortaleza que no tenía.

Y ésta es una posible historia de los últimos años de ETA. Pero ¿y la historia del PP o del PSOE? ¿Y la historia de la gente de este país? ¿Cuáles han sido estas otras historias respecto a este tema y en estos años?

La historia de esos partidos ha sido la de unas organizaciones que creyeron en su omnipotencia (al provinciano nivel del propio país, claro) y que del alto el fuego sacaron como consecuencia que habían logrado el principio de rendición incondicional que no sólo exigían a la banda armada, sino, en realidad, al independentismo vasco, fuera o no partidario de los medios democráticos para conseguir su aspiración. En el caso del PP, sacaron como consecuencia que podían hacer lo que les viniera en gana. Y así han seguido pensando hasta ahora mismo, destruyendo concienzudamente un Estado para convertirlo en un chiringuito. En el caso del PSOE, la consecuencia extraída era la misma, pero diciéndolo con la boca más pequeña, para no alterar a una supuestas e imprecisas bases de izquierda de su electorado.

Y en cuanto a la gente de este país... no se ha extraído ninguna consecuencia, creo yo. Simplemente, como el terrotismo de ETA ya no existía, fue un tema que pasó a engrosar la larguísima lista de los temas enormemente importantes hoy y totalmente olvidables dentro de una semana.

Y sin embargo, hay una consecuencia vital que extraer: nada está escrito. No hay situación irreversible a largo plazo. Lo que hoy nos parece totalmente imposible, puede ser posible dentro de un plazo de tiempo a veces mucho menos largo del que se supone. Y es una consecuencia que interesa enormemente extraer, porque gracias a ella podemos mantenernos vivos para intentar forzar la llegada del día en que se vuelva posible lo imposible de hoy.

Con una condición imprescindible para lograrlo: no olvidar. En el olvido, no lo duden, está el germen fatal de la inconsciencia. Y en la inconsciencia, la raíz de la desgracia.

Comentarios

Green ha dicho que…
¿Atentado en Madrid en 2011? ¿El de 2004?